Introducción al dilema energético

Como tantos otros, el eventual problema de los cortes de electricidad salió de la agenda mediática: ya no sirve para vender periodismo basura, hacer sensacionalismo ni generar discursos de odio. Pareciera, entonces, buena oportunidad para investigar y reflexionar sobre el tema. En esta nota, Eduardo Montebello, miembro de la Comisión de Desarrollo Tecnológico de Carta Abierta, le echa un poco de luz a la cuestión.
El concepto de “matriz energética” se puede definir como el conjunto de recursos disponibles para la producción masiva de energía. La proporción en la que cada uno de los recursos que intervienen en esa matriz es el punto de partida que permite ponderar la situación en que se encuentra la producción energética de nuestro país y cuáles son sus perspectivas. Esta ponderación, restringida frecuentemente al ámbito de los especialistas, es desestimada por la opinión pública en general.
El ámbito política no debe permanecer ajeno a este abordaje, porque se trata de uno de los aspectos estratégicos que debe darse a conocer al conjunto del pueblo. Se trata de saber y comprender para poder sostener y respaldar acciones que no son nada fáciles ni cómodas, ni están exentas de contradicciones pero que son necesarias para alcanzar un horizonte de autonomía en la explotación imprescindible de nuestros recursos energéticos.
Es tal vez una subestimación al lector advertir sobre el rol estratégico de la disponibilidad energética para el desarrollo de nuestras fuerzas productivas. Aún a riesgo de ello, conviene recordarlo una y otra vez. Hoy día, garantizar esa disponibilidad trae aparejado un desequilibrio negativo en nuestro balance de Cuentas Externas para satisfacer la demanda industrial, de transporte y uso doméstico: debemos pagar una suma astronómica por importaciones de combustible, mayoritariamente de gas.

 

La degradación y dilapidación de nuestra autonomía energética se operó en la nefasta década de los 90 y se extendió hasta nuestros días como consecuencia de la adopción de políticas neoliberales. Esa situación contrastó con el punto de inflexión fuertemente simbólico y crecientemente funcional que significó la histórica estatización de la mayoría accionaria de YPF. Se trata del primer paso para la recuperación de una empresa que supo ser líder en el campo mundial de los hidrocarburos, producto del esfuerzo y conciencia patrióticos de legiones de argentinos, cuyo ejemplo debería alumbrar algunas conciencias aún ambiguas y difundirse entre las generaciones jóvenes que crecieron naturalizando el legado neoliberal de las virtudes de la acción privada sobre recursos estratégicos. Todo un desafío para la militancia que hoy día se precie de protagonista de una etapa histórica.

 
Existe un principio para enarbolar en materia de producción energética: Hay que explotar todo recurso disponible para disponer de la energía como elemento imprescindible para un desarrollo inclusivo. Se trata de hacerlo siempre de la mejor forma posible, extremando todos los cuidados sociales y ambientales a nuestro alcance. Pero hay que advertir que el latiguillo de “no alterar el ecosistema” es un embuste intelectual que tiene un único horizonte consciente o inconsciente: la profundización de la desigualdad. Toda acción humana es contaminante: desde el encendido de una llama, el transporte automotor, hasta la producción de alimentos y medicamentos. La observación de este principio no valida, obviamente, la depredación y devastación de la naturaleza con fines de lucro. Por el contrario, es simplemente servirse de la naturaleza en tanto beneficio humano equitativamente compartido.

 
Por lo antedicho, queda establecido que la explotación de las diversas fuentes energéticas producen alteraciones sociales y ambientales. Es así aunque algunas luzcan una apariencia de no contaminantes (energía eólica e hidráulica, por ejemplo). Incluso, la energía nuclear, que es intencionalmente difundida como la más peligrosa, es la menos contaminante y más segura de todas.

 
Explicar los fundamentos de estas aseveraciones merece un mayor espacio que el destinado a esta introducción y podremos abordarlos próximamente. Pero advirtamos, al menos, que todo lo atinente a este universo debe ser vuelto a considerar al amparo de una lucha política que enfrenta intereses desentendidos de la soberanía nacional y la inclusión social, banderas que abrazamos en esta verdadera épica de transformaciones estructurales y naturalmente impuras en la que estamos empeñados.

 
Existe una regla que vincula el costo de inversión de una planta energética con el costo de la producción energética: A mayor inversión, menor costo unitario de producción (hidráulica y nuclear) y, obviamente a menor inversión y mayor velocidad de instalación, mayor costo unitario de producción (centrales térmicas). Dentro de esta ecuación se formulan las líneas de acción que deciden las formas de inversión y los resultados esperables. No obstante, siempre hay un factor decisivo que califica dicha estrategia: los recursos tecnológicos para desplegar en la construcción de centrales eficientes. La disponibilidad del recurso tecnológico (conocimiento y equipamiento) es una herramienta central para una política energética autónoma.

 
En la etapa de innovación de nuestra nueva YPF recuperada, se juega una carta decisiva en el desarrollo de conocimientos (ya existentes y afianzados en algunos rubros) y la investigación y desarrollo de equipamiento específico para la explotación de hidrocarburos no convencionales (shale oil y shale gas), recursos de enorme potencialidad que disponemos en extendidas zonas de nuestro territorio. Una apuesta formidable en esta dirección es la creación de la nueva empresa Estatal Y-TEC, conformada entre YPF y el CONICET que contará con una dotación de de centenares de investigadores.
Otra acción de baja percepción pública es la continuación de la construcción interrumpida en los años 80 de la Central Nuclear ATUCHA 2. Materiales, equipos y edificios, sometidos a la destrucción y abandono por gestiones de gobierno anteriores a la actual, fueron admirablemente recuperados. El proyecto inicial fue retomado por especialistas, mayoritariamente argentinos, en una osada decisión del ex presidente Néstor Kirchner. Nuevas acciones e innovaciones tecnológicas fueron necesarias y hoy estamos a las puertas del inicio de su producción eléctrica de considerable volumen. Dos centrales hidráulicas de gran porte están siendo licitadas y otras tantas en proceso de proyecto. Equipos para aprovechamiento de energía eólica están en plena expansión.

 
Lógicamente, en ese derrotero surgen disensos sobre las decisiones que se toman y abren debates controvertidos y respetables. Pero lo notable es que, en cualquier caso, el problema de la energía está siendo asumido como central, lo cual es un mérito en un mundo que avanza a la desaceleración de la inversión pública con fines de soberanía nacional.
El sistema eléctrico nacional puede ser descrito en tres campos: el de la GENERACIÓN, que está contenido dentro de la Matriz Energética que hemos descrito, en el del TRANSPORTE, que consiste en el tendido y operación de las redes de alta y media tensión que atraviesan la mayor parte de nuestro territorio nacional (incluso en lugares no rentables por la escasa densidad poblacional) y el de la DISTRIBUCIÓN, que comprende las redes de alcance local para radicaciones domiciliarias, comerciales, industriales, hospitalarias, educativas , etc.

 
A este último campo, el de la distribución, atendido, principalmente por empresas privadas multinacionales, algunas estatales provinciales y cooperativas eléctricas de menor cuantía, pertenece el agudo problema verificado en los meses de diciembre de 2013 y enero de 2014 debido a la saturación por picos de consumo de las precarias líneas eléctricas faltas de mantenimiento y renovación. Una responsabilidad primaria atribuible a la voracidad rentística de las multinacionales eléctricas concesionadas hace dos décadas. Una acción fuerte del Estado en el contralor del servicio se ha puesto en marcha. La evaluación sobre lo tardío de la respuesta estatal y las acciones punitorias es un debate abierto. Además de ello, lo inmediato es el esclarecimiento de los diversos sectores sociales afectados, para la participación activa y efectiva en el contralor de este elemental servicio social.

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