BUITRES DE AFUERA, BUITRES DE ADENTRO

El rol de la prensa concentrada en la reproducción de la colonización cultural: un ejemplo actual.

Según Arturo Jauretche las zonceras son principios falaces que se presentan como axiomas, de modo que se eluda la crítica sobre ellos. Como es sabido, hay una zoncera de la que se derivan todas las demás, o “zoncera madre”, que es la construida alrededor de la dicotomía sarmientina de “civilización o barbarie”, donde se asocia lo extranjero a la civilización y lo vernáculo a la barbarie. De allí se desprenden otras zonceras como la autodenigración, la premisa que sostiene que lo propio es malo, o por lo menos, peor que lo extranjero, que es el modelo inalcanzable a seguir. Eso que es propio y eso que es extranjero se postulan, asimismo, de modo ahistórico, como algo dado, una esencia, una sustancia.

Estos gérmenes viciados del pensamiento, presentes hace siglos en nuestras sociedades, han pervivido en el tiempo a través de lo que Jauretche ha denominado una pedagogía colonialista y continúan en circulación actualmente: pueden percibirse cotidianamente, pero con mayor fuerza aún toda vez que se intenta desestabilizar al gobierno de turno en función de intereses económicos concentrados, ya hoy no solamente extranjeros, sino globales.


La colonización pedagógica actúa mediante estos esquemas de interpretación de la realidad que son producidos y reproducidos a los fines de impedir que los pueblos reflexionen sobre sus propios problemas encontrando soluciones basadas en sus propios intereses y en función de sus propias prácticas y sus propios valores. En cambio, la colonización cultural resultante del este proceso que comienza a temprana edad a través de diferentes instituciones, da como resultado una distancia entre el relato de los sucesos históricos y sus causas y consecuencias reales.

Durante el segundo semestre de 2014, así como en diferentes circunstancias claves en términos políticos de los últimos años, esos esquemas de significación se pusieron más crudamente de manifiesto en todos los canales de comunicación de los medios masivos concentrados. Fue en virtud de la batalla legal con los fondos buitre, es decir, los fondos de inversión que habían quedado voluntariamente fuera del canje de deuda soberana por no aceptar las condiciones de la República Argentina y apostar a la especulación.
El presente trabajo analiza cuatro artículos editoriales de La Nación (sin firma) que critican la posición argentina frente a la pelea contra los fondos buitre, a los que se refieren como hold outs. La puesta en relación de esos artículos con las reflexiones de diversos autores identificados con el pensamiento nacional intentará dar cuenta de cierta continuidad de algunas construcciones de sentido, de determinados esquemas de comprensión de la realidad, reproducidos por los medios de comunicación dominantes, más allá de los contextos históricos diferenciados, siempre con el objetivo de mantener relaciones de desigualdad y opresión de los pueblos.

PENSAMIENTO COLONIZADO Y PENSAMIENTO NACIONAL

Estas construcciones de sentido que persisten a lo largo de nuestra historia han operado siempre en la misma dirección, con matices, claro está, en relación con los diferentes escenarios políticos. Se basan en la denostación de lo nacional, de lo propio al mismo tiempo que se exalta lo extranjero (particularmente a Europa y Estados Unidos).
Lo que asombrosamente aún continúa sin acabar de hacerse totalmente visible, además de esa inmutabilidad de lo que se define como propio o ajeno, es la operación de intereses extranjeros en alianza con los sectores vernáculos ligados al poder económico; por el contrario, a las acusaciones en torno a estas operaciones se les invierte la carga de la prueba, convirtiéndolas en “relato”. El rol de los medios de comunicación concentrados en este sentido es fundamental. Cumplen su función a los fines de la conservación del estado de las cosas y para el condicionamiento del poder político por parte de los grupos económicos dominantes.
A contrapelo de esta mecánica, el pensamiento nacional propone una mirada y una reflexión desde nosotros, desde nuestra identidad, desde nuestra especificidad, poniendo en crisis los modelos de pensamiento que responden al eurocentrismo y a la cultura norteamericana, y se nutre no solamente de la producción teórica académica, sino de las diversas expresiones y prácticas de los sectores populares. Pero además, hace hincapié en que la mirada debe ser situada, debe modificarse en cada momento histórico particular, aún cuando resulte posible establecer una continuidad entre distintas épocas y sus sentidos circulantes. Va de suyo que la Argentina contemporánea debe analizarse en virtud de sucesos y factores que no pueden asimilarse directamente a otros procesos de su historia más que parcialmente, y que los mismos deben ponerse en relación con los procesos de transformación social que experimenta gran parte de América Latina por un lado, y con la crisis del capitalismo financiero en buena parte del mundo.
Los llamados pensadores nacionales han reflexionado sobre los procesos históricos de los países latinoamericanos en función de la colonización cultural que ha legitimado y sostenido la colonización económica. La dependencia económica de los países industrializados, sobre todo Gran Bretaña y Estados Unidos, se contrapone a la simple declamación de la soberanía política y se hace evidente en la exaltación de los modos de vida extranjeros y en la permanente construcción de sentidos que derivan en la defensa de los intereses extranjeros o transnacionales (que en cualquier caso son intereses distintos de los de un pueblo) en detrimento de los intereses nacionales.
Como se ha dicho, la colonización ha subsistido porque también se expresó como colonización pedagógica incluyendo en la formación temprana zonceras y una versión oficial de la historia argentina separada de los procesos históricos anteriores a la conquista y de la operación de los países centrales en la política nacional. Dice Scalabrini Ortiz: “El conocimiento preciso de la realidad fue suplantado por cuerpos de doctrina, parcialmente sabidos, que no habían nacido en nuestro suelo y dentro de los cuales nuestro medio no calzaba, ni por aptitudes, ni por posibilidades, ni por voluntad.”
El relato oficial -término en boga actualmente para la oposición política y los medios de comunicación concentrados- servía a los objetivos de separar al pueblo de las causas de los procesos históricos y de convertirlo en el responsable de vaivenes, derrotas y fracasos: se expresaba en forma de una ficción fundacional y ficciones sucesivas que aún hoy persisten en el sentido común de los argentinos y argentinas. En palabras de Scalabrini: “Para eludir la responsabilidad de los verdaderos instigadores, la historia argentina adopta ese aire de ficción en que los protagonistas se mueven sin relación alguna con las duras realidades de esta vida. Las revoluciones se explican como simples explosiones pasionales y ocurren sin que nadie provea fondos, vituallas, municiones, armas, equipajes. El dinero no está presente en ellas, porque rastreando las huellas del dinero se puede llegar a descubrir a los principales movilizadores revolucionarios.”

LOS MEDIOS CONCENTRADOS HOY Y SIEMPRE

 
Como se ha mencionado anteriormente, para mantener y seguir promoviendo relaciones de desigualdad y opresión de unos estados sobre otros, y de los grupos económicos y financieros globales que operan detrás de esos estados sobre los pueblos, es clave el aparato de colonización pedagógica, en tanto sistema organizado y planificado de reproducción de sentidos a través de diferentes instituciones, entre ellas -y con mayor incidencia en nuestro tiempo- los medios masivos de comunicación.
Jauretche afirmaba sobre los mismos en su rol de aparato de colonización:
Llamaron patriotismo, esquizofrenia, demagogia, al amor al pueblo; paralelo 42, a la organización sistemática del contrabando; libre empresa, a la destrucción del capital argentino para subordinarlo al extranjero; y la libertad de trabajo y de asociación, a la destrucción de los organismos sindicales y patronales de defensa de los intereses nacionales. Llamaron jueces a los sicarios; policías, a los matones; virtud, al entreguismo; desfiguraron todo, anatematizaron lo argentino, exaltaron lo extranjero, llamaron valentía al asesinato impune, y cobardía a la resistencia popular. Volvieron a desfigurar la historia, exaltando al cipayo y al vendepatria y denostando al patriota de verdad. Y eso lo dieron por el periódico, por la radio, por el libro, por la universidad, por la escuela. Y lo dieron en dosis masivas, en dosis para adultos, se dormían oyendo la palabra mentirosa del locutor y despertaron oyendo la palabra mentirosa del locutor.

Algunos de estos contenidos propios de la colonización cultural y descriptos por diferentes pensadores en momentos diversos de nuestra historia se encuentran presentes en las editoriales de La Nación de los meses de junio a septiembre de 2014 , a raíz de la batalla legal librada entre la República Argentina y los fondos de especulación, los cuales no ingresaron a los diferentes procesos de reestructuración de deuda soberana entre los años 2005 y 2010 que se implementaron para el desendeudamiento del país y la toma de decisiones soberanas en materia de política económica sin las injerencias permanentes del Fondo Monetario Internacional.

Durante esos cuatro meses y hasta la sanción de la Ley de pago soberano local de la deuda exterior los grandes medios de comunicación no quitaron de su agenda cotidiana la problemática y sistemáticamente atacaron la posición del gobierno argentino, extendiendo la misma crítica al país en su conjunto. Para hacerlo recurrieron en forma reiterada a tópicos que forman parte de lo que los pensadores nacionales entendían como elementos de la colonización cultural.
A continuación se caracterizarán esos tópicos repetidos en las editoriales del diario La Nación seleccionadas. Si bien pueden diferenciarse entre sí, todos ellos guardan relación, toda vez que estos elementos forman una configuración de sentido con una misma orientación general.

– Aislamiento del mundo y mala imagen internacional
 
En los cuatro artículos los editorialistas de la “tribuna de doctrina” se lamentan del papel que la República Argentina hace “en el mundo”. El temor está más bien asociado a las dificultades de acceso a los mercados de crédito internacional que el poder económico prefiere. Dice textualmente el citado diario: “Se ha dado un salto muy peligroso que amenaza con profundizar el default y con alejar del todo a la Argentina de la posibilidad de reinsertarse en el mercado de crédito internacional, algo que no sólo afectará las arcas del Estado nacional, sino que también comprometerá el financiamiento de las provincias y la posibilidad de que no pocas empresas privadas puedan obtener recursos genuinos para invertir en el país.”

Asimismo, describen negativamente al país en función de la política exterior de su gobierno, argumentos que entran en contradicción cuando dan cuenta de los apoyos internacionales que antes, durante y luego de las cumbres de la OEA y la ONU nuestro país ha recibido a raíz de esta problemática.
Sin embargo, afirman: “El Gobierno no tiene más de dos opciones y, si bien se supone que seguirá el camino de la racionalidad, no termina de dejar claro cuál de ellas adoptará. Por sus solicitadas y por los dichos y actitudes de muchos de sus funcionarios, por momentos parecería dar señales de querer seguir el camino de repudiar el fallo y ‘malvinizar’ el problema, escudándose en apoyos internacionales que no torcerán el veredicto de un tribunal al que la Argentina decidió someterse en su momento.”
Esta valorización de la mirada internacional (que en rigor de verdad se reduce a la mirada del gobierno de Estados Unidos y algunos gobiernos europeos) aún hoy echa raíces en nuestra sociedad. Gran parte de la opinión pública todavía es permeable a la zoncera de la autodenigración y desconoce o quiere desconocer la injerencia de intereses extranjeros en los posicionamientos a favor en contra de las acciones que ha llevado adelante el gobierno nacional. Sobre eso hacen pie los medios de comunicación al construir sus argumentos críticos.
Más aún, frente a la denuncia de las maniobras realizadas por el poder financiero corporativo, se invierte la carga de la prueba tanto así que una de las editoriales afirma taxativamente: “La evaluación pura de las circunstancias judiciales fue reemplazada por un alegato conspirativo que supone una maniobra urdida por los centros del poder económico internacional”.
En esta configuración de sentido se comprende que los fondos buitre sean “bonistas beneficiados por la justicia de Estados Unidos” y que aceptar la ley de nuestro país para ellos sea “un riesgo”.
Decía Scalabrini Ortiz en su Política británica en el Río de la Plata: “Se trata de un continente sistemáticamente desorganizado por las intrigas de la diplomacia que a toda costa quieren doblegarlo y anularlo”.

– Razón versus Populismo
 
La mala imagen internacional no es una circunstancia azarosa para la prensa dominante; surge de la falta de racionalidad y seriedad que revisten las autoridades nacionales. Efectivamente, los miembros del poder ejecutivo que intervienen en el litigio son considerados puramente irracionales. Los ministros de economía y relaciones exteriores son bravucones y patoteros y la presidenta es agresiva, desbocada, desatinada y confusa, entre otros epítetos que refuerzan la idea de pérdida de sentido y de voluntad de extorsión.
A lo largo de todos los artículos, la racionalidad y la seriedad que solamente se colocan en cabeza de la justicia de Estados Unidos, se oponen el populismo y el falso nacionalismo que abundan en el gobierno argentino. La descalificación al gobierno, sin embargo, es utilizada de modo que se hace extensiva al país. Es el país el que es poco serio porque acepta el populismo y la sinrazón del falso nacionalismo exaltándose a sí mismo sin motivo alguno.

– Dialéctica amigo/enemigo

El populismo y el falso nacionalismo, así como la falta de racionalidad en términos generales, se inscriben dentro de lo que los medios denominan (retomando de modo particular a Carl Schmitt, sobre lo que no se profundizará) la dialéctica amigo/enemigo, que definen como una “lógica confrontativa caracterizada por la identificación de enemigos por todas partes”.
A través de este argumento, La Nación refuerza el desatino y la agresividad del gobierno sin considerar en momento alguno los perjuicios que podría causar al pueblo argentino el pago compulsivo de lo que se adeuda a los fondos buitre, sobre todo por la posibilidad de futuros reclamos de quienes aceptaron la reestructuración. Para La Nación, el amigo son “los bonistas” y el enemigo es el gobierno nacional, que en su frenesí condiciona a la justicia de otro país. Dice el diario: “El discurso oficial enfatizó en su maldad y encuadró como cómplice a todo juez que les reconociera el derecho a cobrar que les daba el contrato de emisión”.
La situación planteada en estos términos maniqueos solamente admite tomar partido por uno de los dos lados. Y ya han establecido quién es “el bueno”.

– Recomendaciones para un cambio de rumbo

 La suma de todos los elementos descriptos anteriormente permiten a los editorialistas de La Nación construir el argumento que desemboca en la recomendación taxativa de un necesario y urgente cambio de rumbo en la política del gobierno nacional. Esas mismas recomendaciones de cambio de rumbo, en cualquier caso, también evidencian la colonización cultural subyacente. Hablan de “sanidad”, de “desechar recetas hostiles”, de “abandonar una política de demonización”, de dejar el “ímpetu esquizofrénico” y desistir de las “actitudes patoteriles”. Todo ello es conducente a los fines de llegar a un acuerdo con el juez Griesa y no dañar irreversiblemente la imagen de la Argentina en el mundo.
Los medios de comunicación son parte de ese aparato de colonización cultural y las prácticas de los profesionales que ejercen el periodismo dentro de ellos también se encuentran atravesadas por las lógicas de la colonización pedagógica. En ese sentido Jauretche diferencia entre libertad de prensa y libertad de empresa y la subordinación de la una a la otra en función de los intereses de la última. Además, ya décadas atrás, Jauretche ponía en cuestión la objetividad y la independencia del periodismo. Según él: “El periodismo responde a intereses del poder económico y político y las definiciones del tipo “periodismo independiente”, son categorías ideológicas para garantizar su encubrimiento. La libertad de prensa, en los hechos, se desenvuelve como la libertad de empresa de los grupos financieros y económicos poderosos.”
Esos medios de comunicación establecen, entonces, alianzas con los centros de poder económico que residen en las antiguas potencias mundiales ahora en crisis, pero que concentran a actores globales del capitalismo financiero. Esos intereses económicos se ven fortalecidos por cosmovisiones e ideologías que valorizan lo foráneo y luego no pueden encadenar sucesos históricos con sus causas y consecuencias. El gran perjudicado es el pueblo, despegado de sus condiciones de existencia y responsabilizado por los procesos de crisis. Los gobiernos que defienden los intereses del pueblo son condicionados, desprestigiados o directamente desestabilizados en aras de la victoria en la disputa política.

CONCLUSIONES

Cuando se reniega de lo propio se fortalece a los fondos buitre, pero también se fortalece a los “buitres de adentro”, los grupos corporativos, los sectores dominantes de siempre que necesitan mantener aceitado el aparato de la colonización pedagógica.
Con el análisis contextual necesario el pensamiento nacional continúa constituyendo un enfoque adecuado para poner en crisis el discurso de los medios de comunicación y la persistencia de una colonización cultural que continúa reproduciendo sus premisas. No obstante, las condiciones de su reproducción han variado enormemente desde Jauretche y Scalabrini a la actualidad. Hace más de una década que se comenzaron a poner en crisis ciertos sentidos comunes en virtud de los procesos de transformación que experimenta gran parte de América del Sur.
Por un lado, como hemos visto en el análisis de los artículos editoriales del diario más representativo de los sectores oligárquicos de la Argentina, los medios de comunicación continúan jugando su papel en tanto mecanismos de reproducción de determinadas construcciones de sentido y esquemas de interpretación de la realidad con el objetivo de mantener las relaciones de desigualdad y opresión de los pueblos. El binomio civilización o barbarie y las diferentes construcciones falaces que de allí se desprenden, aún continúan siendo utilizados para tratar de legitimar el disciplinamiento de la sociedad argentina a través del bombardeo mediático.

Desde los medios dominantes se sigue intentando instalar el miedo y la baja autoestima del pueblo como sujeto sin cultura. También se vacían de sentido las construcciones de “lo nacional” y “lo extranjero” al considerárselas como un paquete de rasgos predefinidos e inmutables. Somos nosotros testigos del vertiginoso cambio que en esta última década ha experimentado la definición de “lo nacional” y “lo latinoamericano” en nuestras sociedades y de la permanente actualización de “lo imperial” y “lo colonial”.

Por otro lado, afortunadamente y en virtud de los movimientos populares, hoy tenemos relatores, intérpretes y conductores de los intereses del pueblo. Nos hace falta tal vez que las voces de ese relato que surge del pueblo mismo puedan amplificarse para poder contrarrestar a aquellos que solamente visibilizan la porción de realidad que es funcional a sus intereses particulares.
 Es el momento propicio para avanzar en ese sentido.
El pensamiento nacional como caja de herramientas para la interpretación de los mensajes instalados desde los grandes medios masivos es un modo más de dar esa batalla por el sentido que permitirá alcanzar la soberanía cultural, junto con la soberanía económica y la política. Civilización o barbarie es la madre de todas las zonceras y la batalla cultural es la madre de todas las batallas.

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