BAJO LA ENSEÑANZA DEL CORDOBAZO

Por Emilian Desmoulins

A la memoria de Juan José Cabral, Adolfo Bello, Luis Norberto Blanco y Máximo Mena, compañeros asesinados por la dictadura de Onganía en 1969 durante las jornadas del Correntinazo, Rosariazo y Cordobazo respectivamente. Su lucha vive en el pueblo.

Introducción

La dictadura de Onganía inicia con el golpe de Estado del 28 de junio de 1966 contra el Presidente Arturo Illia del partido Radical. Tras asumir el poder un día después del golpe, Onganía tenía planteado el objetivo de terminar con los beneficios del Estado de Bienestar surgidos del boom de posguerra. El período de Dictadura conducido por Onganía no se limita a cumplir con tareas económicas de la agenda de la derecha imperialista, sino que también profesa una ideología oscurantista y retrógrada devenida en profundo odio hacia la academia, las ciencias y el arte. De ahí la brutal respuesta del 29 de julio de 1966 contra las manifestaciones docentes y estudiantiles en las universidades, amparadas en la Reforma Universitaria de 1918 llevada a cabo bajo el Gobierno de Hipólito Yrigoyen, que terminó con la batería de medidas represivas recordada como “La Noche de los Bastones Largos”.

El Cordobazo fue una oportuna réplica de carácter insurreccional y composición obrera-estudiantil ante las medidas de ajuste en contra del pueblo desplegadas por el Gobierno de facto. Este fenómeno tuvo lugar encuadrado en una ola de protestas masivas y radicalizadas en distintos lugares del país, como el Correntinazo y el Rosariazo, que obligaron el reemplazo de Onganía como presidente y más tarde terminaron por hacer caer el régimen dictatorial. Asimismo, se enmarca en un cuadro internacional de crisis del sistema capitalista que tuvo sus respectivas expresiones en el Mayo Francés, el Otoño Caliente Italiano, La Primavera de Praga y la gloriosa lucha del pueblo vietnamita que derivó en la primera gran derrota del imperialismo estadounidense.

El escenario Obrero

El mapa de las principales centrales obreras del momento estaba notablemente fraccionado y en disputa. De esas brechas surgieron nuevas direcciones que tendieron a cuestionar los métodos y la política de las confederaciones tradicionales. Por un lado, estaba Timoteo Vandor que dirigía la CGT “62 organizaciones”, central que mantenía una disposición a mantener un diálogo y negociar con la dictadura. Por otro, estaba la encabezada por José Ignacio Rucci y Atilio Alonso llamada “62 organizaciones de Pie junto a Perón”, que se conformó con el apoyo explícito del expresidente. Como tercera en discordia surge la “CGT de los Argentinos”, encabezada por Raimundo Ongaro. Ésta planteaba serias denuncias de burocratismo contra las otras centrales y adjudicaba la incapacidad de conquistar objetivos a ese problema. Además, mantenía estrechos vínculos con el ala revolucionaria del peronismo que se alineaba con las teorías de John William Cooke y periodistas, escritores y artistas como Rodolfo Walsh, Horacio Verbitsky y Fernando Pino Solanas. En este contexto nacional en Córdoba, al momento del Cordobazo, se pueden destacar dos referentes sindicales claros: Agustín Tosco, de la corriente “Sindicalismo de Liberación” y Atilio López, uno de los impulsores del retorno de Perón y la conformación del FreJuLi. Ambos estaban nucleados dentro de la CGT de los Argentinos y dirigieron la CGT Córdoba luego de una enfática participación en el Cordobazo, sobre todo Tosco, quien apoyó cada acción obrera del proceso y estuvo presente en la mayoría de los enfrentamientos.

En contraposición a estas tres variantes en Córdoba surgieron sindicatos independientes que cuestionaban radicalmente el rol de la patronal desde el clasismo. Empleados de las fábricas Concord y Materfer, ambas filiales de Fiat, que no estaban agrupados en la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) ni en el SMATA (Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor), dieron lugar a debates sobre la independencia de clase y acción independiente de la clase obrera y así conformaron el Sindicato de trabajadores ConCord y el Sindicato de trabajadores MaterFer, más conocidos como SITRAC-SITRAM. El clasismo también tuvo una participación activa en el Cordobazo.

Hechos

La dictadura había derogado, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, el descanso del sábado Inglés y avanzaba en el congelamiento de los convenios colectivos de trabajo y salario. La primera respuesta es anunciada por los sindicatos de metalurgia y transporte: una huelga general de 48 hs. a partir del 15 de mayo.
La provincia de Corrientes se encontraba desde principios de 1969 en el marco de una huelga universitaria para reclamar contra el cierre del comedor estudiantil. La Federación Universitaria del Nordeste (FUNE), perteneciente a la Federación Universitaria Argentina, con el apoyo de todas la agrupaciones estudiantiles, la CGT, los docentes, los estudiantes secundarios, la Iglesia Católica a través del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y por la población en general de las ciudades de Corrientes y de Resistencia, capital de la provincia del Chaco ubicada al otro lado del río Paraná. El 15 de mayo de 1969 la Coordinadora Estudiantil de Lucha correntina convoca a una marcha hacia la sede del rectorado en apoyo a la huelga general y por sus propias reivindicaciones. La marcha fue reprimida brutalmente. Luego de algunas horas, ese mismo día, la policía abrió fuego sobre un grupo de estudiantes que se reagrupó para continuar la protesta en la Plaza Sargento Cabral. Víctima de esos disparos muere Juan José Cabral, estudiante de medicina de 22 años, militante de la corriente reformista y desde entonces ícono del activismo social. Ese día pasará a la historia como el Correntinazo y será tomado como antecedente directo de las revueltas que se desarrollaron en los días posteriores.

El 16 de mayo Rosario amanece con la noticia del asesinato de un estudiante correntino en plena protesta, los hechos conmueven a los estudiantes y generan asambleas de cientos en los comedores universitarios. El Rector de la Universidad Nacional de Rosario suspende las actividades por tres días buscando descomprimir el clima de tensión que había entre los alumnos. Falla. Al día siguiente, más de 400 estudiantes llegan al comedor coreando la consigna “Acción, acción, acción para la liberación” y son interceptados por la policía que desata una violenta persecución contra ellos que termina con los estudiantes acorralados en la Galería Melipal y el estruendo de un disparo. Cae asesinado de un balazo en la frente Adolfo Bello, estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas de Rosario, 22 años. La muerte de Bello causó un profundo sentimiento de rechazo entre la población rosarina. Esta indignación sería expresada el miércoles 21 de mayo de 1969 en una Marcha del Silencio en homenaje a Adolfo Bello, organizada por la Federación Universitaria de Rosario y la Confederación General del Trabajo en el marco de una huelga estudiantil decretada el día anterior por la FUR. La manifestación fue reprimida desde su inicio, sin embargo las más de 4 mil personas congregadas no desistieron en su repudio al accionar de las fuerzas militares y tras confrontar con la policía hicieron que se retire del lugar. La marcha ocupó el rectorado de la Universidad y la sede de transmisión de LT8 Radio Rosario. En medio de los enfrentamientos, la policía disparó contra la multitud hiriendo a un menor de edad. El chico fue socorrido y atendido por el médico Aníbal Reinaldo, quien sufrió agresión policial mientras intentaban salvarle la vida. Finalmente, no pudo con la gravedad del daño que le ocasionó el disparo. Así murió Luis Norberto Blanco, aprendiz de obrero metalúrgico y estudiante secundario, 15 años.

En los días siguientes La Plata, Resistencia, San Juan, Salta y Mendoza se sumergen en el clima de repudio y expresan el rechazo a la dictadura.

En Córdoba los trabajadores marchan al edificio de la CGT exigiendo medidas para frenar los ataques que estaba sufriendo el pueblo en los distintos puntos del país. El Barrio Clínicas, residencia estudiantil, es escenario de constantes atrincheramientos y enfrentamientos con la policía. Las CGT resuelven convocar a un paro general para el 30 de mayo. Sin embargo, la medida se ve rebasada en tiempo y forma por el movimiento cordobés.

El 29 de mayo, Córdoba es sacudida por protestas y un paro de hecho. Los estudiantes se suman a cada medida planteada por los obreros y conforman columnas conjuntas de miles que marchan hacia el centro de la ciudad. Cerca del mediodía se registran duros enfrentamientos que derivan en el asesinato de Máximo Mena, obrero del sindicato de mecánicos SMATA, militante del Partido Radical, 27 años.

La noticia de la muerte del obrero de la planta de Santa Isabel de la empresa IKA se esparce como un rayo por las calles cordobesas. Lo que sigue es una verdadera guerra de guerrillas urbana. Las columnas desatan su furia contra los edificios de empresas extranjeras, queman autos para formar barricadas y algunos se arman para enfrentar a la policía. Los pocos francotiradores son apostados estratégicamente para hacer retroceder a las fuerzas públicas que terminan replegadas dentro de cuarteles. El odio contra el régimen se apodera de las calles de Córdoba y se expresa en una sola consigna que días después resonaría en todo el país: “Abajo la dictadura”.

Esa misma tarde el Ejército Nacional interviene la provincia de Córdoba, reprime ferozmente a los obreros y estudiantes dejando decenas de muertos y cientos de heridos hasta recuperar la calle. Sin embargo, la reacción llega tarde y el costo político es enorme. La dictadura de Onganía sufre una estocada mortal que lo obliga a cesar los ataques contra el pueblo y traspasar el mando de forma anticipada. Córdoba deja una lección de unidad y lucha histórica para el movimiento nacional.

Actualidad

Se parte de la base de diferenciar tajantemente el régimen democrático actual, en el cual ejerce el poder un Gobierno elegido por la mayoría popular en las urnas, del Gobierno de facto de Onganía, plantado sobre un régimen dictatorial, con proscripción de partidos y nula participación de pueblo en las urnas. Aun así y entendiendo ésto, es necesario tener en cuenta las lecciones del Cordobazo y el legado que deja en la historia de la lucha popular.

El 29 de abril y el 12 de mayo de 2016 tuvieron como protagonistas de las jornadas dos marchas que sacudieron la política argentina. Cuatro de las cinco centrales obreras y luego diversas federaciones universitarias, centros de estudiantes y sindicatos docentes marcharon respectivamente exigiendo al gobierno el cese de las medidas de ajuste llevadas adelante en contra de los trabajadores y los estudiantes. Ambas manifestaciones tuvieron repercusión, respuestas y resultados. Sin embargo, y ante la magnitud de los ataques contra el pueblo llevados adelante por el Gobierno de Macri, son expresiones que, lejos de estar acabadas, deben conformar un embrión de lucha ciudadana que permita torcer el rumbo que traza el Gobierno de Cambiemos para la Nación. En ese sentido, la unión de los trabajadores, los estudiantes y el pueblo en la calle ha demostrado ser garantía para defender y conquistar derechos. Esa unión de vocación frentista, carácter ciudadano y espíritu patriótico debe tributar todo a la lucha contra los que atentan contra el bienestar del pueblo y encontrar su expresión máxima en la vía democrática. El movimiento nacional es la constante pelea contra corriente de la militancia cotidiana y a su vez un profundo y permanente diálogo con la historia, por ende el movimiento no sólo es lucha, sino también tradición, y el Cordobazo es una gloriosa lucha que forma parte de la tradición del pueblo argentino. A 47 años de esta heroica gesta y en vísperas de su 50 aniversario en 2019, año clave para Argentina ya que se celebran elecciones presidenciales, es necesario tener presente todas las enseñanzas que dejó.

Nota: La cronología histórica y los hechos narrados forman parte de diversos registros de la época, relatos de Reynaldo Sietecase y artículos que el redactor realizó en otros aniversarios del Cordobazo.

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