25 DE VALLO EN LA SALADITA DE MAYO

* Por Liborio Abelardo Zaitsev

No es mi estilo hacer aguafuertes, se precisa bastante más muñeca de la que acostumbro a tener, pero tampoco le vamos a sacar el culo a la jeringa con argumentaciones teñidas de falsa modestia. Digo, porque no sé cómo encarar los breves comentarios que me brotan como agua de manantial desde el fondo de la tristeza, muy desde el fondo, muy tristeza.

Habrán pasado días ya desde el último 25 de mayo, pero previendo la amargura generalizada de lo que pudiese suceder con los festejos del bicentenario de la independencia (aprovecho para avisarles, toca Scorpions en Tecnópolis! O sea, siguen estando los Dinosaurios, ahora hay que pagar nomás) tal vez resuene algún eco de este lamento esperanzado.

Todo esto viene a cuenta de que el pasado 25 de vallo (de vallar, plazas, avenidas y tedeum) mucha militancia enconada se puso a feisbuquear fotos de la tristeza globocolor que provoca un gobierno antipueblo (para qué sino las vallas) frente al recuerdo, despojado, de lo que fue el tiempo de ayer en que el 25 de mayo había vuelto a ser una fiesta popular. El contraste entre fotos de este año y anteriores omite hacer más análisis al respecto.

Pero viene al caso señalar al menos un grado de olvido de los fenómenos de apropiación, en este caso, de la plaza. Capaz faltó (quién es uno para reclamar) no dar por cerrada la jornada y descubrir que la plaza del 25 también fue un acontecimiento popular este año. Distinto, opuesto, interesante para pensar, para debatir. Y no sólo apresurar la denuncia y el contraste.

Cierto es que bien estuvo la consigna de que si “Cristina no está en la plaza la llevamos a los barrios” que convocó a miles en actividades de la militancia popular en todo el país. No menos cierto es que, en el caso de la ciudad de Buenos Aires, alguna inercia nos impulsa, aunque más no sea, a salir, porque es feriado, porque el día está lindo, porque a pesar de todo capaz que desfilan los granaderos y a los pibes les gusta esto. (A mis pibes, por ejemplo, que se emocionaron cuando vino el sable corvo de San Martín y fuimos a ver a los granaderos y nos sacamos la correspondiente foto con los deditos en Ve, etc).

Por hache o por bé, o porque “el mejor equipo de los últimos cincuenta años” te valla la plaza pero sigue promocionando que habrá “fiesta popular” (plop!) este 25 en la Plaza de Mayo, más de un caído del catre se mandó, como nos mandamos nosotros.

Y fue triste, pero no fue en vano. Fue la postal del país que le pude explicar, por lo menos al mayor (al que es Cristinista enamoradizo, el chiquito todavía está en su etapa de que lo expulsan de la ETA por quilombero, pero bue, ya caerá!), qué era lo que estaba pasando. Los que estuvieron en la Plaza o pasaron un ratito entienden enseguida lo que digo, los que no, me disculpan por las fotos tan amateur. La Plaza y la avenida parecían, sin ofensas, La Saladita, las veredas de Constitución u Once, llena de manteros, negros, laburantes, desocupados, que venían a hacerse el día, vendiendo baratijas importadas.

Qué más querés, el triunfo de los Saavedra y de los Macri, resumido en el esfuerzo que se refleja en la cara del pobre senegalés que andá a saber qué tan mal la tenía que estar pasando para terminar remando en dulce de leche para vender un par de anteojos.

“¿Pa, y los tractores y las máquinas?”

“Eso era con Cristina”

Durante el primer trimestre de este año, las exportaciones de autos cayeron un 39% en comparación con 2015 mientras que las importaciones subieron un 43%. Las exportaciones de indumentaria cayeron un 43% y las importaciones subieron un 35% en la comparación interanual. Autos y ropa, por ejemplos, nomás, pero podríamos revisar en todo, y en todo encontraríamos lo mismo. Menos industria nacional, menos empleo, más baratijas importadas. Los tractores y las máquinas de los stands de las ferias que mostraban el país que supimos construir, quedaron allá, en la memoria. Del despojo, algunos artesanos la remaban.

“Mirá, tiene cosas de Zamba”

“Bueno, miramos, pero comprar una sola cosa, porque no hay plata”

Cara de resignación y listo, total, en la plaza ni en las cuadras que van del Cabildo hasta la nueve de julio no había más que puestitos de feria decadente, algunos choripanes, un pretendido locro. Nada más. Ni ferias, ni postales vivientes del país, de su industria, de sus ciencias.

Y mucho pueblo, que todavía está desconcertado. Mucho. Del que se equivocó y del que no, cómo saberlo. Del que creyó que igual podría encontrar el cabildo festivo, las peñas, las comidas regionales, el pueblo paseando, festejando.

Desconcertada la multitud, la muchedumbre, casi huérfana. Casi. Una bandera de un “Frente Ciudadano” rodeando a una muchacha que tocaba el arpa. Una decena de manifestantes cantando “Vamos a volver” con una bandera de Resistiendo con Aguante.

Los pibes y las pibas que hacían artesanías de Zamba (nos compramos un imán para la heladera a 10 pé) y remeras de Néstor y Cristina, de Perón y de Evita, de YPF.

Aun así, estábamos. Desde los rinconcitos, desde el desconcierto compartido. Habrá también que tomar nota, que no por mucho que pongan vallas, se borra así nomás la memoria. Y aprovecharemos, ya que estamos, para no menospreciar esas resistencias desangeladas a las que alguna impronta de “la política” supone silvestre y sólo pretende “evangelizar”. Que el subsuelo de la patria está, cómo que no.

Y, como dicen que dicen que en otros tiempos esperaba el avión negro, también en esa plaza estaba ella en la espera, soplo de consuelo alentador para tanto desconcierto.

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