RUCHANSKY: “Si los familiares de las víctimas de Time Warp pudieran hablar, la discusión habría sido otra”

Periodista, editor adjunto de la revista THC, autor del libro Un mundo con drogas. Entrever dialogó con Emilio Ruchansky a 4 meses de la tragedia de Time Warp, sobre drogas, lo que pasó en Costa Salguero y la despenalización.

 

E: ¿Cómo analizás el tratamiento mediático de la tragedia de Time Warp a casi 3 meses de lo sucedido?

ER: Hay una construcción mediática de Time Warp y hay una instrucción judicial sobre la causa. En la instrucción siempre estuvo claro que, más allá del consumo de una sustancia ilícita, un consumo poco responsable, o una dosificación equivocada o muy grande, siempre había responsabilidad de los organizadores de la fiesta; eso en el expediente judicial siempre estuvo, en todo el trámite. Hoy están libres, pero están todos procesados; no por abandono de persona, pero sí por homicidio culposo. Eso no está en duda. Ahora, la construcción mediática es otra. Y es la construcción de “tomaron Superman”.

Superman es una pastilla que tiene PMMA (parametatoximetaanfetamina) que es una pastilla de origen científico. La creó Shulgin, el mismo que creó el MDMA, el éxtasis; pero que no tiene los mismos efectos del éxtasis y tiene muchos más riesgos que el éxtasis. Pero el examen forense de toxicología de los cuerpos lo que está diciendo es que no hay PMMA, no se detectó eso. Sí hay MDMA, que es éxtasis. Hay eso, hay cocaína, hay creo que THC, hay lidocaína, hay MDA, hay cafeína, hay otras cosas; pero ninguna de esas cosas, al menos por lo que se ve en el examen, es PMMA. Claro que echarle la culpa a la sustancia, que toda responsabilidad sea de la sustancia hubiera mejorado mucho la situación procesal de los organizadores. Y al mismo tiempo, y esto es bastante grave, lo que terminó haciendo ese enfoque mediático fue oscurecer a los familiares, marginarlos. Es decir, los familiares, muchos, no pudieron salir a protestar, a decir “qué es este lugar, Costa Salguero, que permite una fiesta privada para diez mil personas y encima hay veinte mil; cómo es que se puede habilitar una fiesta sin agua”. No podés habilitar este bar donde estamos sin agua, ¿y vas a habilitar una fiesta para veinte mil personas? Pero no pudieron “porque los chicos se drogaron”, ya cometieron algo ilegal. Fijate que hay un detalle muy importante de cómo lo mediático y lo judicial se pelean en algún punto en este caso, que es que el propio fiscal de la causa dice que esto fue un Cromañón. Pero acá no hay familiares de Cromañón. Acá no hay personas que puedan salir a decir a mi hijo lo mató el Estado. Esa primera estigmatización mediática es la de decir que a los chicos los mató el consumo de tal pastilla. Porque no sabían, porque no había un peritaje toxicológico de los cuerpos. Se habían hecho peritajes toxicológicos de las pastillas que se consumieron esa noche, pero sobre los cuerpos no se sabía. Los chicos no entraron infartados a las guardias, habían entrado con fallas renales, o sea que había cuadros de deshidratación. Había muchos indicios para pensar que había falta de agua, falta de ventilación, falta de atención médica seria, con gente preparada.    

Hay un detalle muy importante en la causa: los organizadores le piden primero un presupuesto a la Cruz Roja y después contratan a otro servicio médico que ya venían contratando, mucho más reducido para la gente que ellos realmente iban a meter. La Cruz Roja no quiere hablar. Yo traté por varios medios de hablar con ellos, pero mantienen mucha reserva, aunque sí le entregaron la información a la justicia de cómo debería haber sido un dispositivo para diez mil personas, o doce mil personas, que nunca fueron doce mil; fueron veinte mil.

Entonces hoy hay dos cosas muy distintas. La causa judicial se está instruyendo muy bien. El problema es mediático. Esa visión mediática lo único que hace es excluir a actores que son muy importantes; porque si los padres, si los familiares víctimas de Time Warp pudieran hablar, acá estaríamos discutiendo sobre la mesa otras cosas: ¿por qué silenciamos el consumo de éxtasis y de sustancias que son de uso bastante común en este tipo de fiestas y en esa franja etaria de jóvenes?

 

E: A partir de esto que decís, ¿cómo creés que es la mejor manera de abordar este tipo de consumos? ¿Qué pensás de la diferenciación entre consumos problemáticos y recreativos?  ¿Qué posición tenés respecto de la despenalización? ¿Considerás que todas las drogas son lo mismo?

ER: La denominación “consumo problemático” tiene toda una historia. Siempre se venía hablando de “adicción”. Después se hablaba de “abuso”. Los manuales de psiquiatría clásicos hablaban de tres situaciones: uso y abuso, dependencia y adicción. La palabra adicción empezó a tener un sentido estigmatizante muy fuerte, entonces se empezó a hablar de consumo problemático, que puede involucrar otras situaciones. Pero también el consumo problemático tiene otra cara, que es el consumo recreativo. También hay consumos instrumentales, consumos de riesgo. Hay distintos tipos de consumo. Entonces, el ambiente de las fiestas electrónicas con drogas sintéticas son ambientes de consumo de riesgo, pero no problemáticos en el sentido de dependencia. Puede haber una dependencia psicológica, en el sentido de que todos los fines de semana necesitamos clavarnos  una “pepa” o una “pasti”, puede ser; pero también es una elección.

Y la despenalización que se realiza en el fallo Arriola es la despenalización de la tenencia de todas las drogas para consumo personal, todas. Eso no quiere decir que esas drogas son libres, de libre acceso, ni que vos podés producirlas. Simplemente es que la tenencia de cualquier sustancia, lo que vas a introducir en tu cuerpo, es un problema tuyo, no del Estado. En ese sentido es lo mismo la marihuana que el paco. Obviamente que estamos por momentos más cerca de poder regular el cannabis que de poder despenalizar la tenencia de todas las drogas como lo pide el fallo Arriola, como lo pedía el fallo anterior, el Bazterrica. Yo creo que el orden lógico debería ser primero la despenalización de la tenencia de todas las drogas y después ir por la regulación del cannabis y mañana pensar qué hacer con la cocaína, etc. Pero primero hay que despenalizar la tenencia de todas las drogas. Si vamos primero por el cannabis y dejamos todo lo demás en la ilegalidad, una persona que usa cocaína o pasta base sigue estando en riesgo. No veo una solidaridad entre consumidores en ese sentido. Pero bueno, también hay que avanzar.  Si vemos que estamos más cerca de eso, consigamos algo y avancemos. Hace 10 años que creo que tal o cual proyecto de despenalización de marihuana pueden llegar a salir y no. No conseguimos nada.

 

E: ¿Por qué creés que no? ¿Porque el costo político puede ser muy alto para quien lo promueva? ¿Es demasiado polémico? ¿Creés que tiene que ver con cierta falta de información, por ejemplo, sobre qué efectos producen determinadas drogas?

ER: No, yo creo que hubo intereses muy expuestos en el plenario de 2012. Hubo un momento donde se llegó a un consenso sobre un proyecto en el que estuvimos implicados muchas de las personas de la revista THC y también el activismo porque fue un proyecto que se apoyó con marchas. Era una propuesta consensuada entre Diana Conti, Ricardo Gil Lavedra y Victoria Donda. Ese proyecto nosotros lo llamamos el proyecto del consenso. Y ahí sí se vieron los actores que estaban en contra y las presiones que hubo. Y tuvimos a las comunidades terapéuticas, tuvimos a un sector de las madres del paco, muy influidas por el diputado Eduardo Amadeo, que es una persona bastante ligada al pensamiento de la Embajada, y cuando digo la Embajada, todos sabemos a qué embajada me refiero. Estuvo la Iglesia Católica, estuvo el Padre Pepe sacando dos editoriales en los diarios mientras estábamos discutiendo. Y yo creo que ahí hubo una falta, para mí de comprensión de clase, que es algo que en Uruguay se logró y acá no. El FAP había cerrado en sus filas, pero ni el radicalismo ni el FPV habían cerrado una posición, más allá de que hubiera diputados de sus partidos que fueran cara de este proyecto de consenso que no avanzó. Igual tuvo tres reuniones de plenario y fue lo más lejos que se llegó. Algunos me dijeron que circularon encuestas que mostraban la desaprobación que había y que eso asustó al bloque kirchnerista-peronista; pero lo que quiero decir es que hubo una falta de comprensión de clase, sobre todo creo que del peronismo que no entendió que las verdaderas víctimas de la penalización no son la clase media palermitana como se quiso instalar, son los pibes muertos en la villa, los pibes que venden, que están presos desde chiquitos, etc. Entonces, ¿qué opciones hay? Seguir diciendo que está mal, que siga muriendo esa gente, mientras la clase media sigue consumiendo, y si tiene algún problema, tiene un abogado, no un defensor público, no se comen de 4 a 15 años como dice la ley. Nosotros vimos eso muy claro, pero creo que nunca se logró transmitir, ni desde el activismo tampoco. También porque los políticos no vienen a las marchas de cannabis. Si vos venís a la marcha de cannabis anual, el primer sábado de mayo, es una marcha donde está el barrio, el segundo y el tercer cordón del conurbano. Donde los pibes vienen con el tetra cortado a fumar porro en la calle, en la 9 de Julio, y ahí tenés lo que es realmente.

 

E: Existe un sector que dice que los legisladores no pueden legislar sobre algo que es ilegal. No se puede crear legalidad sobre las drogas, ni tomar medidas sobre algo que está prohibido. ¿Qué hacer entonces con el consumo, que de hecho existe?

ER: Yo creo que hay un concepto muy importante y muy sencillo, que es que se trata de un delito sin víctima. ¿Cuál es la víctima del 25 de paraguayo que llevo en el bolsillo? Nadie.

Entonces, ¿hay un tema de clase? Por supuesto. Hay un tema de que la clase  pobre banca los lujos de la clase rica. La clase pobre fuma paco, la clase rica toma clorhidrato. La clase baja fuma paraguayo, la clase alta consigue flores. Eso es lo que hay que cambiar. Yo creo que ahí, volviendo al tema parlamentario, faltó eso. El peronismo clásico, si se quiere, dogmático, catolicón, salió a decir que no, que esto les pudre la cabeza a nuestros chicos y la verdad que les hicieron un gran favor a la policía, a los sectores de las comunidades terapéuticas, les hicieron un favor a ellos. Yo creo que hoy por hoy seguir diciendo que es un tema moral cuando es un tema tan profundamente político, ya no sé si es ingenuo. Antes sí. Ahora teniendo a Uruguay al lado la discusión debería subir de nivel, digamos.

 

E: ¿Hay algunas otras experiencias de países que hacen testeos de drogas en fiestas, que toman algunas medidas para prevenir casos como el de Time Warp? ¿Cómo ves esas medidas, cuáles son para vos las que pueden llegar a ser más eficaces que debería abordar el Estado?

ER: Sí, el Estado o las ONG. Yo creo también que ya es hora de que las ONGs salgan a la cancha. Tanto Intercambios, como ARDA, dos ONGs que estaría bueno que consiguieran ese financiamiento y también que el Estado las financie como tiene que ser. Lo importante es tomar contacto con la población en riesgo. Lo importante sería que si hay una fiesta, haya un espacio para los consumidores de sustancias en esa fiesta. Esa comunicación, esa toma de contacto es importantísima porque, vuelvo al principio, son personas que tienen un consumo riesgoso, no problemático; por lo tanto, como no es un consumo problemático, no hay un rechazo social alrededor de ese consumo, no van a pedir consulta a un hospital o a un centro de salud mental porque no tienen un problema con eso. Pero sí pueden correr riesgos y lo saben. Siempre digo que una persona que va a una fiesta no se quiere matar. La gente que toma pastillas se quiere divertir, no se quiere matar. ¿Habrá gente que se hace daño? Por supuesto. Pero hay gente que se quiere divertir. Entonces, en principio, creo que hay que tomar contacto. Eso es lo más importante y es lo que vi viajando. Es lo que se hace en España, es lo que se hace en Suiza. Tomar contacto también es ofrecer servicio. La reducción de daños lo que busca es adaptar el servicio al consumidor y no el consumidor al servicio. Eso quiere decir que una persona que consume pastillas no va a andar dando vueltas por la Ciudad de Buenos Aires tratando de testearlas. No es fácil. No vas a ir a un hospital a pedirles que te presten el cromatógrafo. Entonces, sería interesante poner tests colorimétricos para pasar la pastilla en una fiesta y poder saber si tiene MDMA, si la ketamina es ketamina, si la cocaína es cocaína. Uruguay lo acaba de hacer. En Montevideo hace unas semanas se hizo por primera vez testeo de pastillas, gracias a la gente de Proderechos, una ONG. Apoyada por el gobierno, pero una ONG que ya tiene base social, credibilidad social, etc.

Es muy difícil que el mismo Estado que venía con el garrote hoy venga, te ponga una carpa y te diga que está todo bien. Yo no le voy a creer y me parece bien. Hay que encontrar cosas intermedias. Ojalá que sea el Estado. No sé cuánta credibilidad tiene hoy el Estado. De hecho, lo hizo en algún momento la SEDRONAR. En la gestión del padre Molina repartió agua en la puerta de la Creamfields, y eso es lo que hay que hacer, servicio. Asegurar que haya agua, que haya lugares de descanso en las fiestas, que haya testeo de pastillas, que haya buena atención médica, mejorar la atención médica, etc. Pero lo más importante es testear. Mientras el mercado sea ilegal, la única forma de proteger la salud de esas personas es saber qué es lo que están consumiendo esas personas. No hay nada más desconcertante y peligroso para un médico, una médica que está de guardia que venga un paciente y te diga: “mirá, tomé algo, pero no sé qué es y tomé mucho. Tomé esto y estoy así, que me late el corazón y me va a explotar”.

También hacer un mapeo. Tener un mapeo constante. No es un mapeo de una vez, es un mapeo de todos los fines de semana el que hay que hacer.

 

E: Hay algo que resuena en el caso de Time Warp que es que fueron cinco personas que murieron juntas, cuando no suele trascender este tipo de información sobre esta clase de fiestas. Lo que sorprende es que hayan muerto cinco personas por consumir lo mismo. ¿Qué pensás al respecto?

ER: Hubo condiciones particulares. Por lo que sé de fuentes judiciales, el primer funcionario judicial que se acercó con la fiesta todavía en marcha detectó que la ventilación estaba apagada. La temperatura adentro era muy alta. No había acceso al agua. Estaba lloviendo. Y los preventores (ése es uno de los datos que más me llamó la atención) estaban sobre tarimas elevadas, no hacían rondas. Entonces, es complejo porque, al haber tanta gente, es muy difícil hacer una ronda y sacar a alguien que está teniendo convulsiones o que está desmayado. Si ni siquiera tenés rondas y encima hay el doble de gente de la capacidad permitida, te pasan estas cosas. ¿Qué hacen esos preventores? Tratar de que nadie se cague  trompadas. ¿Y si alguien se desmaya? Bueno, lo sacarán los amigos. ¿ Y si no lo sacan los amigos? Un preventor de esos tendría que haber bajado y a la persona sacarla y llevarla enseguida a las emergencias. Hay situaciones que son humanamente incomprensibles. Hay gente que quedó tirada en claro nivel de abandono. Y es muy loco, porque también leí las primeras semanas versiones mediáticas que decían “¿cómo puede ser que los chicos dejen tirados a los amigos?”. Hablar de eso en estos casos es no hablar. Vos hablás de una cosa porque no estás hablando de otra. Hablar de esto es no hablar de la responsabilidad de Prefectura, de la prevención, de la organización, del Gobierno de la Ciudad que les permitió usar el predio. Entonces, yo creo que hay muchas más muertes de las que nosotros creemos porque lo que pasa es que nadie dice nada.

E: ¿Cómo surgió y cuál es el objetivo que uds. tratan de alcanzar con la revista THC? ¿Alguna vez tuvieron algún tipo de censura o demanda en relación con lo que uds. publican?
ER: Censura no, demandas sí, pero ninguna logró nada. La revista nació como un órgano de difusión, de información específica, chequeada, sobre la marihuana. A la vez, se fue convirtiendo en un órgano de expresión, donde empezaron a hacer muchas veces el contenido los propios lectores que nosotros fuimos formando. Y la idea siempre fue que “sin información no hay libre elección” y yo creo que la revista lo que trata de mostrar es eso. ¿Sigue siendo una revista de drogas? Sí, por supuesto. Ahora, el nivel de responsabilidad es enorme, porque las drogas también pueden hacer mucho daño. De hecho, lo hacen. Entonces, en ese sentido yo creo que cumple un objetivo político muy importante. Está en los kioscos, la calidad del papel es muy buena, la revista tiene lomo, es coleccionable. Está al lado de la revista Caras, de la revista Gente. El señor y la señora bien de la ciudad tienen que verla al lado de sus preciadas revistas. Y ese es el objetivo político, que tengas a Sbaraglia en la tapa, a Dolores Fonzi, que tengas referentes distintos, músicos, actores, incluso políticos y los tengas que ver; que tenga que ver las plantas, los cogollos, la gente fumando, que lo tengas que ver, un mundo de convivencia que esté no naturalizado, sino normalizado. Vos tomás whisky, nosotros fumamos porro, yo no te meto en cana, nada más. Esa es la diferencia: vos me metés en cana, yo no.

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