COMUNICACIÓN DE UTILERÍA

Si hay algo en lo que no existe la grieta es en relación a los méritos comunicacionales del equipo de Mauricio Macri. Todos coinciden en que la comunicación de Cambiemos es eficaz y eficiente. Muchos incluso afirman sin dudar que si ganó las elecciones fue exclusivamente gracias a la estrategia comunicacional que desplegó durante la campaña. Sin embargo, el brillo que caracterizó al equipo comunicacional de Cambiemos parece estar apagándose a raíz de varios acontecimientos que han dejado al descubierto los hilos de la puesta en escena macrista.

 

Una foto de Mauricio y Juliana vestidos de gala calcada de una escena de House of Cards. Vidal sonriente posando para las cámaras con un changuito en un supermercado. Patricia Bullrich vestida de Rambo en el litoral. Una puesta en escena en un colectivo de Pilar para que Mauricio se muestre “cercano a la gente del conurbano”. Un casting para contratar actores que hagan de obreros en actos oficiales. Un call center repleto de personas que cobran por apoyar a Macri en la redes e insultar a la oposición sin respiro. La estrategia comunicacional del macrismo está mostrando los hilos. Lo que pudo haber resultado altamente efectivo en tiempos de campaña electoral hoy aparece como una debilidad que no hace más que horadar la imagen del gobierno y convertirlo en el hazmerreír de las redes sociales. El esfuerzo por mostrar a los funcionarios en una pose genuina junto a la “gente común” durante la gestión de gobierno parece terminar generando el resultado contrario: un efecto de pose falsa permanente, vacía de contenido y que aleja al gobierno cada vez más de las clases populares.

 

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¿Por qué el esfuerzo del gobierno de mostrarse como algo que no es lo lleva a colocarse en situaciones de ridículo? ¿Cuál es el alcance de estas imágenes acartonadas en relación a la llegada que tienen las posteriores desmentidas en las que se deja al desnudo el montaje? Es muy probable que el cerco mediático del cual todavía goza el gobierno le permita amortiguar los efectos negativos de tales puestas en escena. Pero no menos cierto es que cada vez son más y más frecuentes las poses montadas que son vergonzosamente expuestas luego por usuarios de redes sociales y medios opositores.
Hay algunas cuestiones político-comunicacionales sobre las que resulta interesante reflexionar a partir de este fenómeno: ¿Qué le transmite a su pueblo un gobernante que “actúa” cada vez que tiene que encontrarse cara a cara con él? ¿Cuál es el mensaje político que envía un mandatario que pone vallas por doquier en cada acto público que realiza y que sólo se muestra en contacto con el pueblo en escenas prefabricadas?
Las últimas encuestas señalan en el último una fuerte caída de la imagen gubernamental. Claro que no todo se debe a este tipo de decisiones poco acertadas en el plano de la comunicación, sino a una situación de deterioro general del poder adquisitivo vía inflación, devaluación y pérdida de puestos laborales. Sin embargo, es muy posible que la caída se acelere si el gobierno se muestra incapaz de modificar su estrategia comunicacional de utilería, preparada para grandes marquesinas en épocas de elecciones, pero mucho menos eficiente para el desarrollo de su relación cotidiana con el pueblo argentino.

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