EL DÍA EN QUE ELLAS SE CANSARON

*Por Lía Ghara

 

Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad (…) Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto (…) Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí, presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto.

Scalabrini Ortiz. 17 de Octubre 1945. Un homenaje desde el pasado con el mismo temblor con el que se escribe la historia.

 

El actor político menos esperado, el feminismo organizado, toma las calles de la ciudad. Un aluvión zoológico contemporáneo arrebata el asfalto, de negro, con la mística de la lluvia ininterrumpida sobre nuestros hombros, las mujeres de la Patria – ese verdadero subsuelo sublevado- e irreverente pone en marcha los engranajes de la Resistencia. El mismo día que por dictamen de Cambiemos queda eliminada la UFEM “por omisión” (única unidad del país que investiga violencia contra las mujeres), que por capricho intentan desplazar a la  Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó (por mujer y porque molesta), día en que 111 diputados del Congreso de la Nación votan en contra de adherir al paro. (¿Cómo será la composición de esa cámara?) El día nro 275  en que Milagro Sala permanece encarcelada ilegalmente, al igual que Reina Maraz y día 19 de Octubre, con 19 femicidios en el mes. Ese día, mujeres, tortas, travas y trans ponen en la calle lo que la CGT negoció por un bono de $2000: La rabia de que nos arranquen todo, incluso la vida.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de resistencia? Hablamos de desarrollar lentamente y desde la base la conciencia de que es infinita la dimensión de lo posible. Aquéllo que comenzó en una asamblea de 200 mujeres el jueves anterior, resultó en una de las movilizaciones mas grandes, transversales y contundentes de los últimos tiempos reuniendo a más de 100.000 mujeres clamando “Vivas y libres nos queremos” a viva voz. “Hebe, ¿qué es para vos la resistencia?” Le preguntaron alguna vez . “Resistir, es resistir.” A la lluvia, a la injusticia, al patriarcado. Dimensionar la capacidad política de los cuerpos en la calle y de la potencia del deseo de insumisión. Sin perder de vista lo que fue el reclamo base: no nos maten.

 

Alrededor de las 16 hs, el obelisco se iba poblando, para que a las 18 hs arrancara puntual la cabecera de la marcha que no tardó en  ser rebasada. La cualidad de la masa es que leuda. Y así, en columnas interminables de mujeres en organizaciones, gremios, miles de independientes que decidieron ir por su cuenta, ocuparon cada uno de los accesos a Plaza de Mayo. Las diagonales, y su centro. “Y ahora que estamos juntas, y ahora que si nos ven, abajo el patriarcado que va a caer” Se escuchaban los cantos. La lluvia sin remanso azotaba al techo común de paraguas unidos que se había formado en toda la plaza, horas de pie, empapadas todas. Firmes y cantando. América latina entera replicó el llamado, así como cada ciudad, o centro local de Argentina, llegando hasta Francia y Polonia.

 

“Paramos tomando la iniciativa. Mostrando capacidad de reacción frente a una guerra contra las mujeres que se escribe día a día.” Grita desde el escenario el colectivo Ni Una Menos. Una guerra que se lee no sólo en clave de bajas, como solemos hacer al contar cada una de las asesinadas y violadas por el patriarcado, sino también en términos económicos, sociales y culturales: feminización de la pobreza, dependencia económica, obligatoriedad de tareas domésticas no remuneradas, violencia callejera, maternidad obligatoria, violencia simbólica ininterrumpida en medios de comunicación, criminalización del aborto, disciplinamiento a sexualidades e identidades no heteronormadas, por nombrar solo algunas puntas visibles del tejido micropolítico en el que se disputa la vida cotidiana.

 

¿Cómo creamos otro mundo posible si las medidas tendientes a esa transformación como el Programa de Educación Sexual Integral son desmanteladas de a poco, o directamente no se aplican en varias provincias? ¿Cómo se atreven a comparar las pintadas sobre una pared con el asesinato y la tortura a una niña? ¿Cómo nos piden paciencia cuando ganamos un 27% menos que los hombres por el mismo trabajo? ¿Cómo quieren que nos cuidemos si al mismo tiempo desde los medios de comunicación nos dicen que las que andamos solas y amanecemos muertas tenemos la culpa? ¿Cómo quieren que tengamos paciencia si nos sacan la jubilación por amas de casa y no toman en serio el trabajo que significa cuidar a la familia? ¿Cómo se atreven a decirnos que nada de esto es tan grave cuando quitan la capacidad de autonomía económica a miles de nosotras, cuando nos echan de los trabajos, cuando nos bajan los sueldos, cuando nos amenazan con paritarias cada vez más bajas? ¿Cómo quieren que esperemos cuando nos morimos por abortos mal hechos y nos encarcelan si vamos al hospital con un aborto espontáneo?” Rugia Marta Dillon al micrófono.

 

Ni esperar, ni aguantar, ni ser pacientes, ni postergarnos. Porque la revolución no se hace pintando paredes  un solo día de furia al año. En las prácticas y militancias diarias es donde aún hay que resistir por sobre todas las cosas y desafiar los límites impuestos por el patriarcado que nos sigue pisando la cabeza. Si este encuentro en la calle fue una elipsis en el tiempo donde nos vimos las caras y desafiamos el miedo, ahora que somos conscientes de cuántas somos, ahora que nos reconocimos poderosas como para parar un país, levantemos nuestras propias banderas y a paso firme resistamos los embates del neoliberalismo. Ahora, compañeras, más que nunca, la consigna es: De ahora en más.

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