DE LA COTIDIANEIDAD A LA INMORTALIDAD

*Por Emilian Desmoulins

 

Es necesario borrar el recuerdo, tergiversar la historia, anular su legado. Se intenta por todos los medios mancillar su nombre y figura. Falsas denuncias de corrupción jamás comprobadas, bóvedas que no existen ni existieron, versiones de ciencia ficción sobre su muerte y relatos mentirosos sobre la relación que tenía con su familia. Aun así, no pueden. Luego vuelven a la concesión con fines destructivos e invocan el viejo cuento de la cínica comparación: “de 2003 a 2007 fue distinto, el Gobierno de él era otra cosa”. Pero resulta demasiado y ahora se ensaya otra construcción, otro relato que involucra los años previos y una continuidad de la recuperación que sólo hubo que abonar, “Duhalde ya había arreglado todo, él nada más tuvo que empujar lo que ya estaba hecho”, dicen, algunos. Los intentos por empañar la memoria de Néstor Kirchner son audaces, estúpidamente audaces. El ex presidente es el ejemplo más fehaciente del paso de un prócer de la cotidianeidad a la inmortalidad.

Néstor Kirchner no puede ser explicado desde la frialdad de la recuperación económica, no puede ser explicado desde la autoridad moral de la política de derechos humanos ni desde el lugar común de la popularidad social. Néstor es un fenómeno que todavía quema en el fervor militante. Néstor, aunque sea un lugar común, no es sustantivo, es verbo. El despertar de un enorme sector de la juventud al activismo político, social y consciente se da con su partida de este mundo, es un hecho innegable. La figura de Néstor Kirchner se transformó en la dinámica constante de la construcción diaria, un ícono que agrupó miles y miles en distintas organizaciones para respaldar y continuar el desarrollo del proyecto iniciado el 25 de mayo de 2003.

Él pasó a ser el ícono que hila historia, tradición y pasión en un movimiento organizado y con una conducción indiscutida: Cristina Fernández de Kirchner. Mantener viva la memoria de Néstor era una obligación, que esté en movimiento fue un deseo y la magnitud fue un desborde. La organización de esta multitud fue la premisa y el refuerzo de las convicciones. Néstor empezó a significar mucho más que un nombre, un político, un presidente, empezó a ser ideología. El bienestar del pueblo, terminar con la deuda, las madres y abuelas de Plaza de Mayo, los movimientos sociales, volver a hablar de valores, principios, juicios a los militares genocidas, bajar los cuadros de la ex ESMA, recuperar los espacios, bajar al llano a competir en elecciones, perder, entender, reagruparse, reagrupar a todos, aceptar y volver, mejores, más fuertes, más. Todo eso empezó a ser Néstor, Néstor Kirchner, su vida, su nombre, su imagen, su legado pasó a ser un mandato de masas para la recuperación de la Patria.

Por eso es cada vez más necesario para los otros, para los enemigos de todo eso, borrar a Néstor de la historia. Pero a seis años de su partida, el movimiento, las organizaciones, las personas lo tienen cada vez más presente, que de forma natural y espontánea honran su legado de la forma más preciada que puede dar la política: de forma militante.

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