La boina blanca de Cristina o la continuidad entre el radicalismo y el peronismo

*Por Liborio Abelardo Zaitsev

 

El vértigo de la política de estos días ya hizo olvidar la foto de Cristina con la boina blanca en un acto de una agrupación de radicales en el movimiento nacional o alfonsinistas buscando la luz al final del túnel, o algo así. Después de enamorarme como cada vez que la veo y la escucho, me quedó retumbando el lamento de perro cascoteado de mucho ucerreísta prolijo y educado, enarbolando la indignación y la queja por poco menos que ver mancillado un símbolo tan caro a su identidad como la boina blanca…

Confieso que esta última frase tiene la corrección literaria correspondiente, aunque el pensamiento iba por ese lado cuando me acordé de un par de historias y me puse a reflexionar, ¿con qué derecho esta gente se apropia de un símbolo del campo popular? Se me dirá que no debe haber nada más ‘radicheta’ que la boina blanca que surgió para identificarse de los contrarios cuando arrancaron los tiros, no sé si en el 1890 contra el unicato o en el 1905 en la Revolución del Parque. Como fuera, me pregunto si tendrán algo que ver aquellos y aquellas militantes populares que luchaban contra ‘el régimen’ con los pusilánimes que apoyaron a Braden, los que proscribieron al peronismo, los que aportaron funcionarios por doquier a la fusiladora, el onganiato y la última dictadura genocida.

Entonces me acordé que el ucerreísmo es una especie de fetichismo, que son los principales traidores a su causa (el famoso ‘que se rompa pero que no se doble’), decía, de fetichismo que confunde la herramienta (el partido, el movimiento, la idea) con la identidad. No importa que sean veletas, son la vida, son la paz y el escudito y la boina son como el ADN.

Así son los ucerreístas, tan amantes de la rosca y del internismo. Pero dejémoslos que con mirarse al espejo ya tienen bastante. En mi afán por disputar el sentido de la boina, me gustaría referirme a los y las militantes del campo popular, que están con las banderas de la liberación nacional, la independencia económica y la justicia social y corta la bocha! Si hoy esas banderas las encarna el yrigoyenismo, van  con el Peludo. Y si el radicalismo abandona las banderas y el peronismo las levanta, van a meter las patas en la fuente. Y si Alfonsín ilusiona con el tercer movimiento histórico lo bancan, y si desilusiona y traiciona con el pacto de Olivos lo cascotean. Y si hoy Cristina es la reivindicación de esas banderas, entonces con ella están, y qué mejor que ella para ponerse la boina que encarna esos ideales.

Pero para los que siguen pataleando con el temita de la boina, viene a cuento recordar un acontecimiento histórico. El 4 de junio de 1943, unas doscientas o trescientas boinas blancas (y unos cuantos enfierrados) se convocaban en la plaza del Congreso para apoyar el golpe de Estado que unos oficiales del Ejército daban contra el gobierno fraudulento de Ramón Castillo y ponían fin a la ‘década infame’. Esos muchachones de boina blanca no eran otros que los integrantes de la Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina (FORJA).

No vamos a hacer un raconto histórico de FORJA aquí porque hay material de sobra y del bueno sólo señalar que es notoria como la historia de FORJA es sesgada, o pasteurizada (como hacen los ucerreístas con Gramsci) o directamente ocultada por los fetichistas, por algo más que obvio, la historia de FORJA es la historia de la continuidad entre el yrigoyenismo y el peronismo; y es también la historia de los y las militantes que no se resignaron a ser fetichistas y se pusieron del lado que debían estar: con el pueblo.

Para el radicalismo, FORJA es algo a ocultar porque es la prueba del agotamiento de la UCR como la herramienta política de las luchas populares. Y para el peronismo, es una piedra en el zapato porque es la desmitificación de la figura de Perón como líder infalible y principio de todo. Pero esto ya es otra historia.

Volvamos al 43. Después del golpe de 1930 y la muerte de Yrigoyen, el radicalismo pierde esa significación popular y son derrotadas las tendencias nacionales por aquellos que se diferenciaban sólo formalmente del pensamiento de la oligarquía liberal. Con la claudicación radical, la posición nacional queda sin representación. F.O.R.J.A. nace entonces, como última de las resistencias operadas en el seno del radicalismo.

Como dice Arturo Jauretche en FORJA y la década infame, “el aporte de la Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina (FORJA) es uno de los más originales y preclaros pensamientos que desde el campo popular se ha brindado a la rica historia cultural y política de América Latina”. Para valorar las ideas incorporadas hace décadas al imaginario popular, basta recordar conceptos y frases como cipayos, vendepatrias, zonceras, Estatuto Legal del Coloniaje etc. Pero lo fundamental, fueron las ideas que FORJA aportó a la formación de una conciencia de Nación entre los argentinos”.

Quedará pendiente para otra ocasión un recorrido por el pensamiento de FORJA y la construcción política de los años que van del 35 al 43 para explicar con más fundamento la plaza de las boinas. Sólo a modo de magazine de época, habremos de recordar al GOU, Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra de Unificación (GOU), que la historia neomitrista (¿alfonsinista?) nos vende como un grupo de protonazis. El GOU era una logia promotora del Estado intervencionista, del desarrollo industrial interno y opositora a la política de la década infame, El GOU estuvo integrado por el mismísimo Juan Domingo Perón, obviamente Domingo Mercante, y, entre otros, el Coronel Fernando de Estrada, forjista de la primera hora.

Lo que siempre queda en la puerta de entrada de la versión fetichista de la historia es la relación entre el GOU y FORJA. Para 1940, Estrada había abandonado la agrupación junto a Luis Dellepiane. Sin embargo, mantiene una estrecha relación con sus ex compañeros al tiempo que se va convirtiendo en uno de los hombres de confianza de Perón. El historiador Ernesto Ríos señala que las ideas de FORJA, “…no eran del todo ajenas al GOU: las comunicaciones de la logia instaban a sus miembros a la lectura de los trabajos de José Luis Torres, Scalabrini Ortiz y Jorge Del Río,publicados en el caso de los dos últimos en los cuadernos de la agrupación.

 En línea con este pensamiento, Norberto Galasso afirma que “Homero Manzi se los llevaba (los documentos forjistas) a algunos militares amigos de Perón y ellos se los hacían llegar a Italia cuando Perón estaba en ese país en el año ‘40. Las ideas de que somos una Argentina colonial, de que queremos ser una Argentina libre, que tenemos una cultura colonial, una economía colonial, eran de los forjistas. Señala asimismo el autor, que la influencia de FORJA se extendió gradual y claramente hacia otros “aspectos y elementos substanciales del discurso y del lenguaje peronista, “…La idea de la liberación nacional incluso hasta elementos del lenguaje, los forjistas hablaban de “vendepatria” por ejemplo, hablaban de nueva Argentina”.

Pero había también conexiones personales muy cercanas, que permitieron a Jauretche, por intermedio de Oscar Correa y el coronel Pomar, anticiparse a lo que iba a suceder esa mañana de junio, y ser FORJA el único grupo político que estuvo en la calle en el momento del estallido de la revolución. La conducción forjista, plenamente informada de la revolución en ciernes, y compartiendo los fundamentos de la misma, mantiene una tensa y cuidadosa vigilia durante la noche del 3 de junio. Acontecidos los hechos, FORJA apoya el pronunciamiento militar.

El mayor Fernando Estrada, que como dijimos era fundador de FORJA y militante hasta 1940, y también era amigo de Perón, fue quien arregló una entrevista entre Manzi y Jauretche con Perón hacia fines de julio y comienzo de agosto de 1943. La entrevista fue en el Ministerio de Guerra que estaba ubicado en las calles Viamonte y Callao. Tanto Manzi como Jauretche coincidieron en que Perón era “la persona adecuada para darle a la revolución un sentido similar por el que venía luchando FORJA”

Pero aquí ya nos fuimos de la plaza de los congresos y de las boinas. Después, la historia sigue, pero lo que quería contar tiene su epílogo parcial poco después del 17 de octubre de 1945, cuando FORJA se disuelve para integrarse al movimiento nacional, que todavía no se llamaba peronismo. Las boinas blancas habían hecho un recorrido imposible de concebir, siquiera, para los fetichistas. Para la militancia del campo popular siempre hubo una línea clara a seguir: como dice el poeta, de un lado el pueblo en marcha y sus banderas. Para que no queden dudas, en su comunicado final FORJA plantea: “…el pensamiento y las finalidades perseguidas por FORJA están cumplidas… La bandera de la clase media que el radicalismo yrigoyenista no ha sabido sostener pasó a manos de los trabajadores que la llevaron a la victoria”.

Bien ahí, entonces, por aquellos radicales que han sabido romper con la inercia, el folklore familiar, el fetichismo de la organización, y hoy levantan las banderas del campo nacional y popular junto a Cristina. Y que sirva para toda la militancia el recuerdo de quienes no fueron fetichistas ni se aferraron ni a un partido ni a una organización ni a un sello ni a un líder fetiches que se convirtieran en un freno a las luchas populares.

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