TRUMP, UNA SEMANA DE MENSAJES PARA EL MUNDO

*Por Emilian Desmoulins

 

A una semana de la consagración de Donald Trump en las elecciones a Presidente de Estados Unidos, Trump no da margen a la imaginación ni a las sorpresas. Las políticas anunciadas durante la campaña fueron analizadas, consultadas y re consultadas por los distintos medios del mundo que tuvieron la oportunidad de entrevistar al magnate. El resultado fue siempre el mismo: confirmación de cada uno de los puntos del programa Trump. ¿Cómo puede ganar alguien abiertamente racista y xenófobo? Hay un indicio de respuesta en los sucesos de los últimos días.

 

El presidente electo combina tintes de la creciente ola mundial del populismo de derecha en lo social combinado con toques de liberalismo clásico y ortodoxo en lo económico. El rechazo a los inmigrantes repetido una y otra vez en la campaña fue profundizado en esta semana, pero esta vez con números concretos: Trump asegura que deportará 3 millones de inmigrantes de Estados Unidos. El tristemente célebre muro que prometiera construir en la frontera con México también fue garantizado, con el aliciente de que en algunos lados “bastaría con una valla o reja” para contener el afluente migratorio.

 

La reforma sanitaria conocida como Obamacare, criticada en varias oportunidades por el entonces candidato republicano a la presidencia, era una de las principales medidas del gobierno demócrata a dar de baja por una futura administración republicana; tal cual lo aseguró en su momento, Trump salió a confirmarlo nuevamente advirtiendo que crearía un nuevo sistema sanitario con un costo bajo y mejor que el que rige actualmente, sin embargo aclaró que en un primer momento funcionarán ambos de una forma mixta pero que al fin y al cabo representa un costo para el Gobierno que debe ser cancelado.

 

A propósito de las manifestaciones luego de su victoria y el creciente movimiento “Calexit”, que reclama por la independencia de California como nación autónoma, el Presidente electo afirma que se trata de manifestantes rentados o profesionales arengados por los medios de comunicación que utilizan una vara doble, ya que si las mismas protestas se dieran en contra de Clinton serían condenadas. Condena tibiamente los delitos de odio que se están dando de forma emergente y creciente después de su victoria cuyos protagonistas son grupos racistas y xenófobos envalentonados por las declaraciones de Trump. Ante la reaparición del Ku Klux Klan que anunció una procesión celebrando la victoria republicana y el fogoneo de los ataques raciales el futuro presidente de EEUU dice tan solo “dejen de hacerlo”. Sobre el aborto y el matrimonio igualitario insiste en una opinión contraria, sin embargo delega en el poder judicial las decisiones venideras.
Donald Trump está cristalizando en la realidad cada una de las preocupaciones de la humanidad sobre su polémica campaña, sus opiniones y la política que lleva adelante en el ámbito social. Las pocas señales positivas para los trabajadores (solo “blancos”) que había dado durante la campaña se empiezan a esfumar, ya que, como todo empresario, su mesa de transición aparece repleta de lobistas de Wallstreet, de los cuales había prometido reducir su influencia en la política. Sin embargo, ya en el primer debate adelantaba sus planes liberales de reducir drásticamente los impuestos a las corporaciones con el fin de que se queden en EEUU y generen trabajo que, según él, ahora estaba siendo robado por China y otras naciones con mayores facilidades para la instalación empresarial.

 

El plano internacional

 

Por último, en el plano internacional se presentan los mayores peligros de la era Trump. Si bien el fenómeno del populismo de derecha aparece con distintos matices y relativa fuerza en todo el mundo, la realidad es que en el continente europeo se manifiesta con mucha más fuerza y odio. La convivencia cotidiana con grupos de refugiados del norte de África, una población musulmana cada vez más grande y los periódicos actos de terrorismo que sufren las distintas naciones agrupadas en la Unión Europea conforman un cóctel explosivo en las calles y un caldo de cultivo para la extrema derecha en las urnas. El 4 de diciembre Austria entra en la segunda vuelta electoral, para la cual se perfila ganador Hofer, el candidato del populismo de derecha. Si esto resulta así va a ser la primera vez que un derechista extremo llegue al poder en el país desde la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, el mayor bastión de influencia xenófoba, segregación racial y discriminación que existe en el continente es sin dudas Francia, donde Marine Le Pen, la heredera política del famoso clan Le Pen, viene en alza y haciendo cada vez mejores elecciones. Los mensajes de Trump a la humanidad desde el corazón del país más poderoso del mundo, el posible ascenso del Frente Nacional de Le Pen en Francia y la configuración del tablero geopolítico mundial con el creciente apoyo que reciben las corrientes derechistas extremas preparan un escenario de preocupación para la humanidad de conjunto.

 

Las salidas políticas que proponen estos grupos políticos solo pueden derivar en grandes tragedias que retrotraen al mundo a sus peores momentos de guerra. Cristina dijo hace unos días, “en Estados Unidos ganó alguien que representa la crisis de representación política producto de la aplicación de políticas neoliberales.” Esa es la crisis que ha hecho que los votantes se vuelquen a candidatos xenófobos de derecha que les permiten canalizar esa desilusión a través de uno de los recursos más viejos de la historia de la humanidad: la búsqueda de chivos expiatorios sobre los que puedan volcar su bronca. Pero no solamente la bronca. Como durante el nazismo, en la idea de que la culpa de los males se encuentra en un grupo determinado (los inmigrantes), se vuelca también la esperanza de que con su eliminación (deportación en este caso), podrá recuperarse la grandeza perdida, el bienestar social que hace tanto falta. Por eso aunque sumamente preocupante, no es extraña esta victoria. El triunfo de Trump, como las posibles victorias de candidatos xenófobos en varios países de Europa, le pasa factura al fracaso de políticas de centroizquierda y deja a la mitad del mundo sumido en una sensación de desasosiego e incertidumbre.

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