TELECOMUNICACIONES: EL SAGRADO DERECHO A LAS GANANCIAS

Por Liborio Abelardo Zaitsev

 

A principios de año adelantábamos que el gobierno de Macri había prácticamente cerrado el círculo de entrega al capital concentrado: después de borrar por decreto las leyes del sector consumó otro favor para el Grupo Clarín: con otro decreto, estableció el nuevo escenario de Convergencia total, que lo habilitó a dar telefonía móvil a través de Nextel, permitió el ingreso de DirecTV al mercado de banda ancha y protegió las redes de Telefónica y Telecom en detrimento de cooperativas y pymes.

También decíamos que el Decreto 1340/16 que se aprobó a fin de año para derogar definitivamente las leyes kirchneristas 26.522 de Comunicación Audiovisual (LSCA) y 27.078 (Argentina Digital) se cocinó mientras la comisión para la redacción de una ley convergente trabajaba en un proyecto “moderno y plural” para la tribuna. Pero ojo al piojo, no vayamos a creer que el grupo de tareas que comanda Silvana Giudici no tiene nada que ofrecer. Es cierto que probablemente el gobierno no tenga intenciones de que el proyecto tome estado parlamentario en un año de elecciones (por algo Michetti no quiere perder el tiempo con el abuso estadístico y sin valor que es la democracia). Pero los grandes lineamientos de la “ley plural y convergente” -cuya gran participación de la ciudadanía fue a través de Twitter y mediante invitaciones a exponer cual colegiales ante la comisión de “notables”- ya están más o menos consensuados.

Se trata, a grandes rasgos, de normalizar las barrabasadas que han realizado durante el primer año y legitimar el haber metido por la ventana a Clarín. Pero van más allá, mucho más allá. No hace falta leer a contrapelo para encontrar en forma evidente un retorno al decreto ley 22.285/80. Si en temas de telecomunicaciones, los borradores que andan dando vuelta por lo menos incorporan el temita de la actualización tecnológica, en radiodifusión se trata lisa y llanamente de un retorno a la ley de la dictadura de Videla. Incluso peor aún, esta gente propone cosas que ni los milicos se atrevieron.

Supongamos que el texto final, que además después tenga que pasar por el Congreso, le emprolijen algunas animaladas. Sólo por eso, no nos vamos zambullir en la letra chica, pero con un par de bestialidades a detallar, alcanza para muestra. Basta decir que ni la palabra “comunitario” y ni siquiera el término “sin fin de lucro” aparecen una vez, ni como mala palabra. En cambio, la perla (y con esto alcanzaría para cerrar la nota) de la política macrimagnettiana para el sector es el inciso del artículo que describe como objetivo de la ley el “Proteger los derechos de los inversores en actividades productivas, incluyendo su derecho a obtener ganancias”.

Queda clarísimo, entonces, para quién gobiernan. Sólo para no tener un final abrupto, ampliemos un poco algunos conceptos que trabajó la “comisión moderna y plural”: a grandes rasgos, le permite a las empresas extenderse a todo el territorio nacional sin restricciones ni límites para la concentración. Las licencias y autorizaciones se extienden de 10 a 25 años y nada de audiencias públicas para verificar que los licenciatarios cumplan.

Y como ya le hicieron los favores a Clarín, después de que Macri viajó a España a congraciarse con el Rey, ya no le van a poner límites a Telefónica para que pueda dar televisión. Y como estamos macanudos, tampoco le pone límites al capital extranjero (de ningún tipo) en la comunicación audiovisual. Y por el mismo precio, menos que menos se limitarán el número de licencias.

Tampoco está definido, pero se analiza incluir en el texto final, la autorización para que empresas de radio y televisión abierta puedan constituir redes de programación, algo que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) de la democracia limitaba en el mayor de los casos al 30% de la programación. O sea, podés tener 200 licencias (¿adivinen qué grupo las tiene?) de radio y televisión (la LSCA permitía hasta 24), no importa si es de TV abierta, radio, cable, etc. Total, no tenés que garantizar producción local ni nacional. Sale un clarinete enlatado para todo el país y la pluralidad, ejem… sí, ya sabemos.

Por supuesto, nada de reserva de espectro para radios de universidades, de municipios. Y además de la total ausencia de medios “comunitarios” y “sin fin de lucro”, en la nueva ley no hay mucho lugar para los pueblos originarios.

En fin, podríamos seguir, pero cerraremos diciendo que finalmente, el borrador que se maneja sigue dejando en la “autoridad de aplicación” la posibilidad de resolver la mayoría de las controversias, a través de las reglamentaciones. Y que esa autoridad no sería el Enacom sino otro ente sobre las ruinas del actual, que sería igual de “plural” con mayoría del Ejecutivo para poder mantener la discrecionalidad. Así las cosas, hay que ver si el macrimagnettismo se anima a avanzar con esta ley antes de las elecciones o prefiere seguir jugando al gradualismo pluralista, total, no lo olvidemos, siguen gobernando por decreto.

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