Promesas sobre el bidet: Sobre el golpismo y las urnas

Por Sebastián Hernaiz*

 

Leí en estos últimos días risas chicaneras, análisis criteriosos y defensas diversas sobre la mediáticamente denominada “marcha de la democracia”. Creo la marcha fue menor: un grupo de apoyo reducido pero no insignificante, sobre todo en tanto sirvió de materia prima para replicar y expandir interpretaciones en medios afines al gobierno y en redes sociales de los propios gobernantes. Pese a lo nimio de la movilización, al carácter inorgánico de sus demandas y a lo retrógrado de muchos de los componentes ideológicos de quienes participaron o la replicaron, es para pensar qué pide esa marcha y a qué se enfrenta imaginariamente.

A lo que se enfrenta, si uno escucha a sus promotores y defensores, es a “los golpistas”, de lo que se deriva con mediana lógica que se amparen en el reclamo, más no sea vacío, de “democracia”. Sostenidos en la idea abstracta -pero que tan buena prensa tiene- de “la democracia”, los “golpistas”, en su perspectiva, serían un fantasma expresado en los sectores que se movilizaron en las multitudinarias convocatorias que juntaron casi medio millón de personas cada vez que se marchó durante marzo reclamando por las paritarias docentes, por derechos para la mujer, por políticas activas de derechos humanos o por un cambio en la política económica, que actualmente transfiere de modo brutal y a fuerza de ajuste constante recursos de las mayorías menos pudientes a las minorías que concentran la riqueza. Dentro de esas marchas y del armado discursivo que las promueve e interpreta, no faltaron, efectivamente, reclamos por la renuncia del presidente e incluso discusiones internas sobre la validez de esa demanda.

 

tiza

 

Creo que es algo para pensar: ¿tiene derecho “la gente” a reclamar la renuncia de un gobierno elegido por medio de las urnas? La pregunta nos obliga a comparar dos sistemas de legitimación. Claro que para compararlos, tal vez lo mejor sea preguntarse mejor por el carácter de cada uno de ellos. En particular, una pregunta podría articular en simultáneo tanto a las elecciones que llevaron a Macri al gobierno como a las movilizaciones actuales: ¿qué se decía en la exitosa campaña electoral del 2015 sobre los puntos sobre los que hoy hay reclamos que pueblan las calles?

Macri, por ejemplo, en campaña salió a apoyar la movilización del #niunamenos recién una vez que el movimiento de mujeres demostraba ser creciente y había conseguido instalarse en el escenario político-mediático. No lo privaron de tal pose sus históricas declaraciones machistas: en el contexto pre-electoral, el entonces candidato se sacó la foto que difundió por redes con un cartelito convocando a la marcha con el hashtag del #niunamenos.

Sin embargo, lejos de aquel candidato en campaña, después de la masiva movilización de mujeres reclamando por sus derechos, hoy el ex-presidente de Boca es el jefe político de un gobierno que reprime brutalmente, persigue y detiene a mujeres que se habían manifestado pacíficamente en la plaza, es el jefe político de un gobierno que practica razzias que no se veían en Buenos Aires hacía muchos, muchos años.

 

vivas

 

Otro de los slogans que se promovía como política económica a llevar adelante mientras se desarrollaba su campaña electoral fue “pobreza cero”, problemática que convocó a multitudes reclamando mejoras económicas durante marzo. Como lo son en general las consignas del macrismo y, más no sea en menor medida, de la política contemporánea en general, la consigna de “pobreza cero” es vacía en tanto no propone el cómo se llegará a ese objetivo. Sin embargo, pese a una consigna que prometía, al menos, procurar orientarse hacia una “pobreza cero”, la Plaza de Mayo recibió varias movilizaciones de distintos sectores de la economía precarizada o de los trabajadores estatales reclamando por la situación de empobrecimiento de los sectores menos favorecidos de la sociedad. De hecho, todos los indicadores económicos del último año señalan que el gobierno no sólo aumentó drásticamente la indigencia y la pobreza, sino que disminuyó sensiblemente la calidad de vida de grandes sectores de la clase media. Fundamentalmente, todos estos sectores vieron empobrecidas sus vidas materiales atados a la reducción del salario real practicada a fuerza de paritarias que estuvieron por debajo de la devaluación y de la altísima inflación que se registraron desde que asumió el macrismo.

Si seguimos retrotrayéndonos a consignas de campaña, son atendibles para pensar el valor de las urnas algunas declaraciones al respecto: recordemos que “Mauricio”, el hijo de Franco Macri, histórico contratista del Estado, prometió en campaña que no habría aumentos de tarifas, que no eliminaría “Fútbol para todos” y que su gobierno no tendría inflación, ya que para “bajar la inflación era lo más fácil del mundo”. Ninguna de esas consignas se cumplió: más bien al contrario, las tarifas no paran de aumentar, se eliminó “Fútbol para todos” y la inflación fue en 2016 la más alta desde la hiperinflación de 1989 previa a la renuncia de Alfonsín.

 

cabildo

En la misma línea que la promesa de bajar la inflación ingresan también las promesas de aumentos de sueldos para los docentes y de presupuesto para los sectores de Ciencia y Tecnología. Durante la campaña, por ejemplo, el macrismo prometía no sólo respetar la política proyectada para el año 2020 del Ministerio de Ciencia y Tecnología sino que prometía aumentarle el presupuesto para mejorar aún esos objetivos.

Abunda recordar que en diciembre del 2016 el Ministerio de Ciencia y Tecnología estuvo casi una semana tomado por los trabajadores e investigadores de Conicet denunciando el vaciamiento perpetrado por el macrismo que no sólo diminuyó en vez de aumentar el presupuesto sino que ha llevado hoy a la potencial desaparición del organismo. Abunda recordar también que, aunque la gobernadora de la provincia de Buenos Aires dice creer que un docente debiera ganar “$40.000”, luego de un mes de medidas de fuerza del gremio docente y de 10 reuniones de negociación reclamando que se recomponga el salario tras la pérdida de poder adquisitivo del año previo para que por lo menos no estén por debajo de la línea de pobreza, la gobernadora boneaerense sólo les ofrece una paritaria provincial del 19%, y en cuotas que se terminan de pagar después de Navidad.

No hace falta extenderse demasiado: las promesas de campaña con las que el macrismo ganó las elecciones están lejos de haberse cumplido. La pobreza aumenta junto a la desocupación y se vive un proceso de constante inflación con recesión, la educación y la salud públicas reciben menos presupuesto y el salario real bajó un promedio de 10 puntos en 2016 -y aún más en los sectores más vulnerables-, los consumos primarios en supermercados disminuyeron notablemente y los consumos culturales otro tanto y cuando hasta Mirtha Legrand le reclama al presidente por la situación, la única respuesta del gobierno es insistir en que se eligió una política gradualista. Es decir: que prometen continuar haciendo más de lo mismo.

Los que no votamos al macrismo suponíamos que su política sería la que es y que no cumpliría sus promesas de campaña. Los que lo votaron, votaron promesas que hoy no se cumplen. Sin embargo, fue con esas consignas de campaña que ganó el macrismo las elecciones. La única propuesta que sí cumplió el macrismo fue sacar al kirchnerismo de la gestión del poder ejecutivo: única acción que no deja de darle imagen positiva en ciertos sectores, como los minoritarios que se movilizaron el primer sábado de abril.

De todos modos, pensar que es un presidente el que decide el futuro de un país es una evidente simplificación. El partido a cargo del poder ejecutivo es un factor de poder importante en la sociedad pero lejos está de ser el único o de ser independiente. Por detrás del macrismo hay sectores de poder que colaboraron con su acceso al poder político y a los que el gobierno responde. Un sector de poder es la gente -y más aún: la gente movilizada-, y es el único sector de poder que dirime algunas de sus decisiones en forma democrática: es al que más promesas se le incumplieron. Otros tantos son sectores políticos, empresarios, industriales, agroproductores, mediáticos, militares, etc, que lejos están de no participar de la vida política del país pero más lejos aún están de tener que ver con la democracia. Como “la gente” es uno más de los sectores que ejerce poder sobre el gobierno, su presencia en la calle y en los distintos espacios de la famosa esfera pública es importante: más allá de las urnas, su presencia es fundamental para para poner en práctica el derecho a exigir que se cumpla lo prometido en campaña. Si por las presiones de los sectores de poder -a los que un gobierno siempre tiene que enfrentar: para negociar con ellos, para oponerse a ellos, para ser complaciente con ellos- el macrismo no puede cumplir sus promesas de campaña, renunciar al poder del Estado no es antidemocrático: por el contrario. Si la gente exige que cambie la política del gobierno para retomar la senda de lo prometido en campaña no es antidemocrático: por el contrario. “Nadie va a perder nada de lo que tiene”, mentían en campaña Macri y Vidal. Hoy insisten en que lo que se tenía era mal habido.

Tanto quienes votaron al gobierno actual como quienes no lo votamos tenemos derecho a exigirle que cumpla las promesas por las que llegó al gobierno. Las promesas hechas a sectores del poder mediático las cumplió apenas asumió: de modo irregular, dio de baja una ley sancionada por el Congreso como era la Ley de Medios. Las promesas hechas al sector agroexportador las cumplió apenas asumió: bajó las retenciones y devaluó un 50%, multiplicando así las regalías que los sectores exportadores recibían a costa de aumentar drásticamente el déficit fiscal. Las promesas hechas al sector financiero las cumplió apenas asumió: les pagó a los fondos buitres a costa de endeudamiento a futuro y sostuvo tasas de bonos y letras a precios que dieron ganancias millonarias a los grandes jugadores de la timba financiera. Las promesas hechas al sector extractivista las cumplió: dio permisos y eliminó retenciones, desfinanciando al Estado y promoviendo una actividad económica de altos daños colaterales ecológicos. Las promesas hechas a distintas empresas las cumplió: condonó multimillonarias deudas y transfirió recursos del estado a empresas privadas. Sin embargo, las promesas hechas a los sectores mayoritarios que lo votaron o que participaron en la elección no las cumplió, casi que por el contrario: lo que prometió mantener, lo desarticuló; lo que prometió mejorar, lo empeoró; lo que prometió deshacer, lo fortaleció. Por eso, la propia gestión del gobierno de “cambiemos” va en contra de las urnas que le permitieron acceder al gobierno y por eso el reclamo de retomar la senda democrática es un legítimo reclamo que colma las calles en la boca y en los cuerpos, tanto de quienes lo votaron como de los que no.

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*Escritor, investigador y docente de Literatura Argentina.

 

Publicada en La Tecla Eñe – 05/04/17

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