TRANQUILATE, ¡NO TE ENLOQUESÁ!

Por Liborio Abelardo Zaitsev

 

En diciembre de 1993 se produjo la rebelión popular conocida como el Santiagazo. Ese año se sintió con más fuerza el ajuste que Domingo Cavallo – versión I- comenzó a aplicar cuando asumió como ministro de Economía. Pero Cavallo llegó al ministerio anunciando planes de ajuste y privatizaciones dos años antes. En esos dos años, la cúpula de la CGT (cuándo no) subordinada al PJ, se agachó ante los planes neoliberales del gobierno de Menem. En 1992 se creó la CTA (que era un Congreso y no una central)  y en el 93, cuando el ajuste llegó con más fuerza a las provincias, la rebelión de los santiagueños – que prendieron fuego la casa de gobierno provincial, entre otros actos – fue el detonante de la protesta social. Después vendrían la Marcha Federal, una mucho muy masiva movilización desde todo el país hacia la Plaza de Mayo- y el surgimiento del movimiento piquetero y los cortes de ruta como modo de protesta. 

Toda esa potencia (arbitrariamente reducida a un párrafo) popular contra el neoliberalismo no tuvo capacidad para impedir que Menem se impusiera en las elecciones de 1995, es decir que fuera releecto a pesar de haber aplicado un programa de ajuste, hambre y represión.  El neoliberalismo se mantuvo hasta 2001, gracias a las agachadas del “opoficialismo” de entonces (y de siempre) encarnado en la UCR y en la figura de Alfonsín, cerebro del Pacto de Olivos primero y luego de la descafeinada Alianza.

Las elecciones de 1995 fueron un golpe a la ingenuidad de much@s que no leímos correctamente los tiempos políticos y que pensábamos que por ganar la calle y avanzar en la lucha social y sindical se iba a dar un correlato automático en la contienda política y electoral.  Menem ganó en la primera vuelta. Pese a ello, la lucha continuó – siempre continúa – y el desastre económico del neoliberalismo desembocó en las puebladas de 2001, donde lo que parecía sólo un golpe de palacio de una parte del establishment para una transición ordenada entre distintas gestiones del capitalismo se cruzó de pronto con el clamor y la organización popular y de distintos sector.

Sin embargo, otra vez ese proceso – movilizaciones,  asambleas barriales, piquetes (“piquete y cacerola, la lucha es una sola!”) y represión con saldos trágicos de decenas de muertos y heridos- volvió a desembocar, casi casi, en una nueva salida “por derecha”: en las elecciones de 2003, Menem ganó en la primera vuelta y casi, casi, estuvo así de salir segundo Ricardo López Murphy – otro ajustador serial, pichón de Cavallo- y su partido Recrear, fuerza política germinal del PRO, con quien se terminó aliando.

Ahora es un juego ucrónico, pero por chirolas, nomás, estuvimos a punto de tener un ballotage entre dos neoliberales partidarios de una economía dolarizada. La realidad es que finalmente entró segundo un tal Néstor Kirchner, aquel tipo que supo, diría Mario Wainfeld, pero que en ese momento tenía el mote de Chirolita de Duhalde y del que sólo se presumía una interna del PJ con algún viso de pensamiento económico más cercano al peronismo tradicional que a la traición menemista.

Habrá sido quizás un momento fundacional del camino a la madurez en el pensamiento político de much@s, pariendo la elemental ¿Son o no son todos lo mismo? y buscando construir las respuestas en los intersticios antes que en los relatos totalizadores, que vendrían después, en la construcción identitaria de lo que se llama kirchnerismo.

Pero eso es otra historia. Quería poner el acento, nomás, en los avances y retrocesos del proceso histórico, después de unos días moviditos. A un año y medio de gobierno de Macri – la protesta social ganó las calles. El descontento popular se expresó en forma masiva durante tres días, pero la movilización fue mucho más allá de la protesta contra la política del gobierno, también avanzó sobre la tibieza y el entreguismo de los representante sindicales (de la “burocracia sindical” si se tiene ganas de correr un poquito por izquierda en el bla bla bla).

Ahora bien, no voy a ahondar en análisis sobre la política del macrismo, que ya los hay y muchos, ni de la reorganización de las fuerzas del campo popular en una etapa en que el kirchnerismo y otras fuerzas populares y de izquierda, no K comparten “el llano” (el inteligentísimo Morales Sola la tiene más clara que muchos de l@s nuestr@s e insiste en poner en la misma bolsa a fuerzas y organizaciones que se cuentan los lunares para ver qué tan distintos son, pero bueno, eso es también para otro análisis). Será, además, tarea colectiva de la militancia hacer un  permanente análisis crítico de la realidad.

A mí me basta con recalcar esos otros momentos históricos: tomé dos que son a la vez recientes y palpables para muchos de nosotros y, por otro lado, tienen una distancia considerable para las generaciones que se sumaron a la militancia a lo largo de la larga primavera que comenzó en 2003.  Para ambos, la conclusión es la misma. La mirada optimista en la voluntad esperanzada por los signos que muestran un  avance y recomposición del poder popular; y la mirada pesimista de la razón, para que esa esperanza no obnubile el análisis de todas las variables, incluyendo el poder que tiene el enemigo, (y la clase oligarca y cipaya al servicio del imperialismo lo es, más allá de las formas civilizadas en que nos damos la lucha política, al menos por ahora). Como ejemplo basta señalar que los trolls que fogonearon el #1A tuvieron un éxito que nos obliga a parar las antenas.

Si logramos conjugar esas miradas, podremos afrontar también los retrocesos recordando lo que ya sabemos, que lo imposible solo tarda un poco más y que la única lucha que se pierde es la que se abandona.

 

Deja un comentario