El rol de los trabajadores de la cultura en tiempos de resistencia

Por Agustín García Médici
Re-flexiones después de una entrevista radial
La resistencia es una dimensión del poder, su contracara. Donde hay poder, hay resistencia. El poder/resistencia estructura las relaciones de los seres humanos porque poder es poder reconocerse en el otro. Reconocerse como sujeto actuante, vivo y con proyección. Poder es poder hacer. Ahí, donde se disputa el sentido de la vida cotidiana, el sentido de nuestras acciones, el sentido de la opinión publicada, de cada discurso, ahí disputamos poder. Hay ciertos discursos que emanan desde abajo, desde un post, desde un folleto, desde una canción, desde un grito desgarrado que resisten y que logran disputar sentido. Y hay muchos discursos que logran resultados muy exitosos: el discurso feminista que se vuelve masivo por ejemplo. Hoy en día, los trabajadores de la cultura somos llamados a resistir, a disputar ese poder hacer y a disputar un sentido particular: nuestro rol en la sociedad.
La tarea del trabajador de la cultura está íntimamente ligada al arte y cabalmente el arte es político. Político en tanto que su función primordial es la agitación. Agitación como efecto de una provocación. Provocación a través de una comunicación que sensibilice las almas, cuestione la cultura dominante y movilice los cuerpos.
Un trabajador de la cultura o un proyecto o espacio cultural que intente relacionarse desde el arte con su público o su pueblo debe hacer el intento de poder reflejar, captar y cuestionar lo que sucede en cada contexto social y político. Es un tema de forma y contenido.
Hoy, los trabajadores de la cultura no estamos exentos de las dificultades y las tensiones que existen entre el pueblo y sus gobernantes. Estos últimos, promotores de la cultura de las élites consagran en los grandes escenarios del país a artistas del extranjero e invisibilizan a los nuestros. No es que traer artistas de afuera este mal sino que nuestros artistas, no están teniendo lugar es nuestros escenarios. Quizás porque sean representantes de una cultura contra hegemónica que proble-matiza y cuestiona a esa cultura dominante. Quizás porque esta cultura dominante construye una idea de un otro que es una amenaza sub-versiva al orden establecido. Claramente, la cultura popular, alternativa o contra hegemónica se construye en esos términos. Se yergue en los bordes de la legalidad que legítima la cultura dominante, resiste y sobrevive intentando generar espacio de contención, espacio de expresión ¿O no hablamos de darle voz a ese otro o a esa minoría o a esa mayoría excluida cuando hablamos de democratizar el acceso a la comunicación? ¿O acaso la pluralidad de voces no es di-versificar la mirada? ¿O acaso la di-versión no es otra cosa que dar a conocer diferentes versiones de un mismo contexto? De eso también nos encargamos los trabajadores de la cultura. De di-vertir a la población. Lamentablemente, no vamos bien. No nos estamos di-virtiendo mucho. Más bien estamos en un constante escenario de conflicto de alta tensión por las distintas persecuciones a los espacios culturales que nos contienen, por el sistemático recorte de programas que tendían a dar espacio a esos otros actores culturales, por la imposibilidad de acceder a los grandilocuentes y no por ello masivos actos culturales del Des-gobierno, por los recortes en el INCAA, etc, etc.
Los trabajadores de la cultura que resistimos o que intentamos generar otro tipo de “poder hacer” somos parte de un proyecto cultural que se propone incluir más gente a ese espacio de juego y de di-versión y esperamos activamente que esta situación de amordazamiento de la cultura popular empiece a tomar otro rumbo. Mientras tanto estamos convocando, agitando, propagando nuestra música, nuestro teatro, nuestro cine, nuestra poesía, nuestra versión, nuestra mirada de la vida en común unidad para que el y la que guste sea bienvenido o bienvenida a correrse de la soledad creativa. Porque creer es crear y porque la edad del sol no es más que la contracara del presente mismo en el que somos llamados a intervenir por la simple y absoluta responsabilidad de estar vivos.

Deja un comentario