EL DÍA DE LOS MUERTOS

Por Sebastián Hernaiz

Las PASO no tuvieron este año más función que ser una encuesta. Lo repetían los cínicos quejosos del gasto estatal pero no deja haber un lugar de verdad en la sentencia. En un contexto de encuestadores altamente deficientes, en un panorama de incertidumbres múltiples, las PASO eran la posibilidad de una buena radiografía del estado de situación de las sensibilidades electorales.
Se sabe: las radiografías, como las encuestas, requieren de la placa y de la interpretación. Las encuestas bien hechas no son sólo números: son números y su lectura. Los números serán más o menos concretos, aunque no los conocemos todos todavía. Las lecturas son arenas para viejas pugnas. En ciudad y provincia de Buenos Aires, el macrismo no ganó tanto en los números concretos como en la lectura que se hizo de los mismos.

 

Los resultados de la elección podían sorprender y se esperaron con ansiedad. Hubo sorpresas en Santa Fe, Santa Cruz, Neuquén y San Luis, pero si nos atenemos a CABA y provincia de Buenos Aires -“la madre de todas las batallas”- leídos los datos hoy en cotejo con los de la elección presidencial del 2015, no hay cambios significativos en el flujo de votos.
El triunfo de Carrió se festejó en CABA como un hecho histórico pero, sin embargo, no solo no sacó más votos que Macri en el 2015 en la elección presidencial: sacó 70 mil votos menos. Más que un triunfo histórico para el partido que representa, el triunfo puede ser para Carrió, que tiene un electorado veleta como pocos, aunque acaso veleta como sus posiciones políticas: los 900 mil votos que hoy la hacen ganar la primera banca de diputados por CABA representando a la centroderecha neoliberal en la lista “Sigamos con el cambio” duplica al que sacó en 2003 cuando representaba desde el ARI a la centroizquierda sensible y le da una estabilidad tan solo televisiva si recordamos que esos votantes no la acompañaron cuando en el 2011 perdió muchas de las bancas en el Congreso y reconoció que el 98% del electorado la rechazaba.

 

La otra cara de la CABA fue Filmus, que encabezaba la lista de Unidad Ciudadana en el frente Unidad Porteña. Como Carrió, el frente Unidad Porteña mantuvo la performance de las últimas elecciones y sacó también 70 mil votos menos que su candidato presidencial en 2015. Contracara del triunfo de Carrió, con Filmus a la cabeza, Unidad Porteña volvió a ser la segunda fuerza en CABA gracias a la floja elección de Lousteau.

 

En provincia los números son más complicados e interesantes y ni hablar de que son incompletos por la picardía antirrepublicana de Cambiemos. Crucemos tres variables: los votos recibidos en 2017 deberían ser leídos a contraluz tanto de los recibidos por candidatos a gobernador/a en 2015 como de los recibidos por los candidatos presidenciales en ese mismo año. En ese cruce, la balanza muestra que se mantiene la situación del 2015 sin mayores altibajos: Cristina va a superar los votos totales recibidos por su candidato a gobernador, Aníbal Fernández, pero no llegará (aunque no sabemos aún por cuántos votos, ¡Frigerio picarón!) a los 3.4 millones que obtuvo Scioli en provincia, pese a tenerlo (¿o por tenerlo?) quinto en su lista de candidatxs a diputadxs. A la inversa, Bullrich superó por poco los votos de Macri en provincia de Buenos Aires, pero perdió casi un 10% de los votos que había colectado la candidata a gobernadora de Cambiemos, pese a que ésta fue la principal agente de la campaña del ninguneado ex gerente empresarial y ex ministro de educación.
Los datos, entonces, por un lado: pero por otro, las lecturas.

 

Como es habitual, el macrismo nos hace verlo con globos: apurados ni bien se publicaron los primeros resultados oficiales (o mejor dicho: con los primeros resultados que el oficialismo quiso publicar), salieron a festejar un “histórico triunfo de Carrió” y una amplia ventaja que el escaso primer porcentaje de mesas escrutadas en provincia de Buenos Aires les otorgaba. Fueron transmitidos en directo por cuanto canal televisivo, portal online y emisora radial hay a disposición. En Radio Mitre, los voceros oficialistas argüían oficio: “son pocas mesas escrutadas, pero basándome en la experiencia de cubrir elecciones, los primeros números nunca se modifican”, decía el conductor mientras su mesa de colaboradorxs asentía. Lanata transmitió los festejos en cuasicadena saliendo en vivo por TN y Canal 13. En Animales Sueltos, pese al reojo de desprecio del Turco Asís, Feinmann insistía junto a algunos de sus compañeros de mesa en que los datos de la primera mitad de votos escrutados no podía revertirse: al día siguiente tuvo que escuchar el informe de sus mismos compañeros sobre la minuciosa opereta montada entre el gobierno, las autoridades electorales, el Correo Argentino y la empresa encargada de procesar la información.
La operación fiesta les salió bien: festejaron en todas las pantallas como histórico un triunfo en capital que fue mantener los votos de la última elección y bailaron como triunfos lo que el conteo final de los votos muestra como derrotas. Pero, claro, siempre una fiesta puede salir bien pero al día siguiente hay que enfrentar el precio de la fiesta: resaca, copas rotas, pisos sucios. Hay que ver cómo se van construyendo los días después del apresurado festejo macrista.

 

Por otro lado, que una elección vaya bien o mal depende de las expectativas: lo propuso ayer Vidal, Cristina puede haber ganado pero estaría enojada porque no sacó los votos que esperaba. ¿Pero el problema son los resultados electorales o las mal calibradas expectativas? ¿Y quién difundió esas expectativas? También la derecha sufre el efecto decepción: esperaban que después de dos años fuera del poder estatal y sometida a insistentes campañas de ataque mediático y judicial, Cristina hubiera desaparecido del horizonte electoral. Pero Cristina está ahí ganando más no sea por poco pese a que desde el 2011 la derecha venga prometiendo la desaparición del kirchnerismo como fuerza y proponiendo un “poskirchnerismo”, como titulaba en 2011 su errada profecía el magister de tanto operador mediático, Mariano Grondona.

 

En cualquier caso, los datos concretos muestran que se mantuvo la repartija de votos del 2015. Esta estabilidad puede ser vista como avance o retroceso dependiendo del punto de vista y la voluntad política. La oposición al macrismo confiaba en que, luego de casi dos años de ajuste y transferencia de recursos de los sectores mayoritarios al capital más reconcentrado, en las elecciones de medio término el gobierno debiera pagar un precio en forma de pérdida de votos. Sin embargo, mantuvo el número. Por otro lado, el macrismo esperaba que tener concentrados de su lado no sólo a los medios de comunicación que ya tenían sino también el aparato y la caja del Estado Nacional y del provincial debía facilitarle el acceso a un electorado ligado a intendentes y listas de concejales. Sin embargo, mantuvo el número de votos. Posiblemente, las dos variables (desgaste por ser un gobierno ajustador y ventajas por manejo de caja y aparato) se hayan equilibrado y sean la causa múltiple de esa tensa estabilidad.

 

El macrismo, por su parte, confiaba en que Cristina desapareciera políticamente. Repitiendo sus voceros más toscos la teoría del “simulacro”que se arrastra desde el final del primer peronismo, confiaban en que, fuera del gobierno, el kirchnerismo iba a desaparecer, sin siquiera necesidad de una ley que censurara nombrarlos, como hiciera con el peronismo el decreto-ley 4161 del gobierno de facto del fusilado Pedro Eugenio Aramburu. Sin embargo, Cristina mantuvo el caudal de votos del Frente para la Victoria de 2015. Aunque sin el aplastante 54% del 2011, sigue existiendo con fuerza la figura política que se fue despedida con laureles por una plaza de mayo llena el último día de su mandato presidencial. Casi sin recursos económicos gastados en la campaña, sin tener la caja y el aparato estatal, sin aparato mediático a favor -salvo algunos marginales en el mercado de medios como c5n, P/12 o Tiempo Argentino- y tras dos años de atajarle penales a la campaña de desprestigio constante de su figura, Cristina mantuvo sus votos. Su piso electoral es hoy muy sólido y supera en el conurbano bonaerense al de cualquiera de sus competidores: la apuesta es a ampliar el margen de su techo. Sin embargo, pese a mantener su caudal de votos, no pudo aumentarlo sensiblemente atrayendo a los sectores perjudicados por los casi dos años de ajuste del macrismo: las Marías, Juanes y Lauras que subió a su escenario no alcanzaron todavía para agujerear su techo. De nuevo, es probable que el equilibrio se funde en causas múltiples y convergentes: por un lado, tras dos años de decepciones y verificación de que muchas de las promesas del macrismo eran sólo falsas promesas, pueden haberse recuperado votos que habían sido parte del 54% en el 2011 pero no habían apoyado al FpV en el 2015. Y por el otro lado: sin el aparato estatal no sólo se pierde caja sino el vínculo político de promesas e intercambios con los intendentes y candidatos a concejales y eso modifica el caudal de votos. Sumando y restando, de cualquier forma, tanto para el oficialismo como para Unidad Ciudadana, el resultado da un número de votos similares al 2015.

 

Condiciones diferentes, expectativas diferentes y resultados similares respecto al 2015. Pero los resultados son los resultados y la lectura que de ellos se haga no depende sólo del resultado sino a contraluz de qué se los interpreta. En el 2015, Cambiemos ganó los cargos ejecutivos y hoy festeja la estabilidad de votos como si fuera un triunfo renovado. El kirchnerismo señala que 2 de cada 3 votantes rechazaron al macrismo y demuestra que se mantiene firme en sus bases, pese a los dos años fuera del gobierno, al llevarse la mitad de esos votos disconformes con el estado de las cosas.
Quedará para las elecciones de octubre ver cómo estas variables continúan sus desarrollos y si los resultados parciales de la encuesta nacional que fueron las PASO se modifican. Algunos elementos obvios que se rearticularán son una esperable mayor asistencia de votantes, la desaparición de algunas opciones que no superaron las PASO, la redistribución de votos propia de la elección definitoria que tiende a polarizarse y el modo en que genere efectos el resultado mismo de las PASO: no todos votamos igual con el diario del lunes leído.
En algunas culturas, la muerte es ocasión de fiesta. Quevedo sufría el nacimiento como el comienzo del camino a la polvorosa muerte. Festejar o no es un modo de leer que tiene que ver más con cómo se leen los números que con los números en sí.

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