¿QUÉ PASÓ EL DOMINGO 22 DE OCTUBRE?

Por Javier Vázquez Prieto*

 

1) Lo primero que pasó es que el gobierno obtuvo un claro triunfo en las elecciones. Todavía es muy pronto para saber si ese triunfo va a significar la reelección de Mauricio Macri en 2019, pero no para reconocer que su tránsito por la arena política va a ser más placentero de lo que fue hasta ahora.1) Lo primero que pasó es que el gobierno obtuvo un claro triunfo en las elecciones. Todavía es muy pronto para saber si ese triunfo va a significar la reelección de Mauricio Macri en 2019, pero no para reconocer que su tránsito por la arena política va a ser más placentero de lo que fue hasta ahora.De acuerdo con algunos destacados analistas estaríamos ante la presencia de algo así como una nueva hegemonía macrista (José Natanson, Pablo Semán). Insisto en que no deberíamos apresurarnos. La dimensión económica de ese concepto es de fácil corroboración, basta con ver los excelentes informes del Observatorio de las élites de la UNSAM. Dicho de otro modo: que el gobierno nacional expresa a los sectores económicamente dominantes es tan evidente que si sólo tomásemos este caso habría que dar por definitivamente ganado el debate a Miliband. Sin embargo, todavía parece apresurado dar por realizada la dimensión ético-política de la hegemonía, sobre todo cuando no hace mucho el propio Natanson destacaba la pervivencia del kirchnerismo bajo la forma de una cultura política (https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-297732-2016-04-24.html). Pero hay que destacar que, paradójicamente, mientras al kirchnerismo se le dio por ganada una “batalla cultural” que a mi juicio sus máximos líderes nunca se propusieron dar, el nuevo gobierno sí tiene entre sus propósitos lograr una nueva hegemonía cultural: “el cambio es para siempre” reiteran una y otra vez. Algún tuitero dijo acertadamente algo así como “nosotros dijimos que íbamos por todo y nunca lo hicimos, ellos sin decirlo lo están haciendo”. Ellos sí se proponen invertir los guarismos de la encuesta de orientaciones ideológicas que cita Natanson. Aún es muy pronto para afirmar que lo han logrado. Más acertada me parece la idea de Julio Burdman según la cual Cambiemos ha logrado construir un nuevo partido nacional (algo que en la Argentina se facilita enormemente cuando se cuenta con la caja nacional) y yo agregaría: una nueva identidad política. Si bien no hubiese sido posible sin el aparato de la UCR (o los aparatos de los radicalismos provinciales), el triunfo parece ser más del PRO que del radicalismo. Me permito incluso aventurar en un futuro próximo la paulatina subsunción de lo que fue la identidad radical en Cambiemos.

 

2) Lo segundo que ocurrió fue que la estrategia de polarización instrumentada por el gobierno le rindió muy buenos frutos. El gobierno buscó identificar a todos sus rivales con el kirchnerismo y esta supresión de matices y realidades locales parece explicar algunos triunfos impensables en distritos controlados por diferentes variantes del peronismo. Son ilustrativos aquí los casos del Chaco, La Rioja y Santa Fe.

 

3) Lo que pasó, en tercer lugar, es que la oposiciones que rivalizaron en semejanza con Cambiemos tuvieron un duro revés. Recién se destacaba el éxito de la estrategia del gobierno consistente en polarizar. Si esa estrategia fue exitosa, su reverso tampoco podía dejar de serlo. Las alternativas que buscaron mostrar su rechazo al pasado kirchnerista, antes que diferenciarse del gobierno, tuvieron una pésima performance electoral. Recurriendo a la metáfora de Iván Schargrodsky, puede decirse que los opositores “Línea Pepsi” al gobierno sintieron el rigor del original: los consumidores prefirieron Coca. Los ejemplos obvios son los de Salta, Córdoba y, obviamente, la provincia de Buenos Aires.

Pasando ahora al plano de lo que podría pasar, puede decirse que en el escenario legislativo por venir el gobierno, si bien tendrá que negociar, no le será difícil conseguir las mayorías necesarias para aprobar las medidas que tiene en carpeta (reforma laboral, ajuste de la fórmula de actualización de los haberes jubilatorios, reforma impositiva, cambios en la coparticipación etc.), de cuya ineluctabilidad ha logrado convencer a una gran parte de la ciudadanía. En Diputados, el bloque de Cambiemos seguirá siendo la primer minoría, aunque aumentando la cantidad de bancas de las que dispone, mientras que en Senadores, pasará a convertirse en la primer minoría.Es cierto que una eventual alianza entre las distintas variantes del peronismo significaría para Cambiemos una dificultad, pero no parece ser que este vaya a ser el caso al menos por ahora. En términos de resultados el gobierno no debería esperar mayores dificultades que las que enfrentó hasta ahora y que le trajeron no pocos éxitos.Ahora, si el escenario legislativo no parecería ofrecer mayores dificultades ¿por qué Macri no encontraría un camino despejado a la reelección en 2019? La suerte del gobierno parece estar atada, no tanto a los vaivenes de la política, sino a las “leyes” de la economía, donde la acumulación de desequilibrios macroeconómicos no es menor. Un observador poco atento hubiese podido pensar que el PRO tenía grandes resultados para ofrecer en materia de gestión económica y que su punto flaco iba a estar en la negociación política. Pues bien, la situación ha sido exactamente al revés: las aguas de la política se presentan tranquilas para el gobierno, mientras que los resultados económicos que el mejor equipo de los últimos 50 años ha logrado conseguir distan mucho de estar a la altura de las expectativas.

 

***

 

Finalmente, es imposible eludir la pregunta por la estrategia que se dará la oposición. Haciendo un ejercicio de prognosis, que siempre tiene una dosis de arbitrariedad, parece haber a futuro tres escenarios posibles para la oposición a Cambiemos. Los dos primeros escenarios serían variantes de la forma que podría asumir una reorganización de las distintas corrientes del peronismo. Esto sólo será posible si los actores involucrados renuncian a sus expectativas de máxima, esto es, si tanto el kirchnerismo abandona la postura cerril de “Cristina o nada” pero también si el peronismo no kirchnerista abandona la idea de que el gobierno haga el trabajo sucio de eliminar al kirchnerismo. Las recientes declaraciones del gobernador de Salta (http://www.elintransigente.com/politica/2017/10/31/no-pecado-pensar-parecido-algunas-cosas-presidente-macri-aseguro-juan-manuel-urtubey-464160.html) no permiten ser optimista en este sentido.

 

1- “Renovación peronista”: un escenario posible sería la reunión de las distintas partes del peronismo, aunque en un rol marginal para el kirchnerismo. Esta reunión podría producirse gracias a la aglutinación operada por alguno de los gobernadores que han resultado victoriosos en las últimas elecciones y que aparecen como moderados (esto es, de fluida conversación con el gobierno nacional, aunque tendiendo puentes con el kirchnerismo).

 

2- Kirchnerismo sin (la conducción de) Cristina: este escenario supondría la articulación de todos los espacios peronistas bajo una conducción afín al kirchnerismo, que no sea la de CFK. Si antes estaba claro, ahora resulta obvio que Cristina no tiene la vocación (y muy probablemente tampoco la capacidad) de conducir una rearticulación semejante (prestar atención al discurso de Hurlingham).  Su rol seguiría siendo importante como referencia y conducción del sector kirchnerista, pero no para el conjunto. Esta situación permitiría, no obstante, la pervivencia del programa kirchnerista (programa que no se agota en la promoción del mercado interno y la industrialización sustitutiva de importaciones, sino que avanzó en discusiones que hacen a la forma de nuestra democracia y el poder que en ella tienen los medios de comunicación o de cómo mejorar el ejercicio de la judicatura y acerca de la manera de construir una agencia de inteligencia acorde con esa democracia) más allá de sus liderazgos fundantes. Este escenario parece ser el menos probable o, por lo menos, el más trabajoso. El último escenario sobrevendría frente al fracaso y/o abandono del intento de una rearticulación del peronismo.

 

3- Restauración conservadora (en el peronismo): En este escenario las partes del peronismo conservarían su dispersión y abandonándose el kirchnerismo a las tendencias que existen en él y que pugnan por transformarlo en una coalición progresista (con la imagen del “Podemos” español como horizonte) con un programa ideológicamente consistente aunque con apoyo electoral en sectores medios urbanos, estudiantiles e intelectuales. Aquí Cristina sí podría conservar su rol de conducción de un espacio devenido conscientemente en una minoría intensa. Habiendo el kirchnerismo abandonado la disputa por el peronismo, las variantes no kirchneristas de éste podrían dar rienda suelta a las tendencias conservadoras que anidan en su interior. Quizás, aunque no necesariamente, recuperando la defensa del mercado interno y la industrialización sustitutiva de importaciones, el peronismo quedaría como la expresión política de un programa conservador en lo cultural, escasamente generoso en materia de derechos individuales y decididamente inclinado a la demagogia punitiva. No es fácil saber que va a pasar, mucho más fácil es saber qué es lo que se debe evitar.

 

*Politólogo (UBA)

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