GÉNERO Y MERCADO LABORAL: TECHO DE CRISTAL Y DISCRIMINACIÓN

En el mercado laboral existen marcadas desigualdades de género. Observando las tasas de participación, las remuneraciones salariales y la proporción de mujeres por rama productiva se puede apreciar a simple vista esta inequidad. Entonces resulta que la división sexual del trabajo, que adjudica a la mujer el espacio doméstico y de cuidados, influye en su inserción, continuidad y ascenso en el mercado de trabajo, siendo la principal fuente de las desigualdades.

 

Según la Encuesta Permanentes de Hogares (EPH), durante el segundo trimestre de 2017 la tasa de desocupación – Desocupadxs/PEA – fue de 8,7%. Al desagregar la tasa por género, observamos que afecta a un 9,5% de las mujeres activas, mientras que en el caso de los varones a un 8,2%. De modo similar, si se desagrega por edad, las mujeres jóvenes son las que tienen una tasa de participación menor en el mercado laboral. Lo mismo ocurre en la tasa de empleo -Ocupadxs/Población Total- siendo 42,4% para las mujeres y 63,6% para los varones.

La brecha salarial entre varones y mujeres es de aproximadamente 24%. Esto podría darse porque los varones alcanzan niveles educativos más altos, sin embargo, no es así: entre lxs asalariadxs del sector privado el 12,9% de los varones tienen título universitario, mientras que, de las mujeres, un 21,0% hizo una carrera de grado. Siendo las mujeres las que tienen un mayor grado de profesionalización, siguen existiendo diferencias salariales en su contra.

También existen diferencias en cuanto a las ramas de inserción: hay una feminización de los sectores relacionados a la producción de servicios como los de limpieza, trabajos domésticos, educación, salud y cuidados. Esto se debe a que existe una construcción social que le adjudica a la mujer el rol del cuidado y le imposibilita desempeñarse en otros ámbitos, reservados para los varones. Varixs autorxs llaman a esta tendencia ‘paredes de cristal’, reflejando la imposibilidad de trasladarse de estos trabajos/sectores a los considerados masculinos, debido a resabios culturales en las estructuras laborales que determinan las ideas de trabajos de hombres y de mujeres. También existen barreras invisibles que impide a las mujeres crecer en sus ámbitos profesionales o académicos, por exigirles sobre-calificaciones respecto a los varones.

Por otro lado, la organización del hogar evidencia una inequidad sobre cómo se reparten las tareas al interior del núcleo familiar, y cómo las mujeres disponen de menos tiempo para utilizar en el mercado laboral, en actividades recreativas y otras. Observando el tiempo asignado por mes y por semana, con los datos de la Encuesta de Uso del Tiempo (EUT), se puede observar que las mujeres destinan una mayor proporción de su tiempo para las tareas de cuidado en relación a los varones, en tanto que las primeras dedican 6,4 horas diarias de su tiempo a estas actividades y los últimos sólo 3,4.

Estos datos intentan reflejar algunos de los tantos mecanismos de discriminación existentes en el mercado laboral contra las mujeres. Son ellas las que sufren más el desempleo, la informalidad y la brecha salarial. Les cuesta mucho más conseguir un trabajo y las más jóvenes quedan relegadas de la posibilidad de acceder a su primer sueldo. Cuando lo consiguen, tienen más riesgo de estar en negro y en condiciones precarias. Aquellas mujeres que logran acceder a trabajos mejor remunerados siguen recibiendo menos salarios que sus compañeros por el mismo puesto. La maternidad, la responsabilidad de la crianza y del cuidado siguen perpetuando desigualdades de género. De esta forma queda condicionado el acceso, la continuidad y el crecimiento en los ámbitos profesionales o académicos.

En materia normativa son muchas las leyes que se fueron implementando para revertir estos problemas y hubieron avances en la participación de las mujeres en la política, en las oportunidades económicas, en el acceso a la educación o en el acceso a posiciones de liderazgo, pero aún queda mucho por hacer al respecto. La reforma laboral que está en boga, que aumenta la precarización y flexibilización, pone en peligro estos avances y tiende hacia una profundización de las desigualdades existentes.

Desde El Germen consideramos de suma importancia visibilizar y problematizar el rol que se le asigna socialmente a las mujeres para lograr reconocimientos y transformaciones en los espacios en los que cada unx se desarrolla, pero el verdadero desafío está en generar políticas públicas para lograr un real avance hacia la igualdad de género.

 

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Concepto de cuidado: son todas las actividades y prácticas necesarias para la supervivencia cotidiana de las personas en la sociedad en que viven. Incluye el autocuidado, el cuidado directo de otras personas como niños y niñas, personas mayores, enfermas o con algunas discapacidades (la actividad interpersonal de cuidado), la provisión de las precondiciones en que se realiza el cuidado (la limpieza de la casa, la compra y preparación de alimentos) y la gestión del cuidado (coordinación de horarios, traslados a centros educativos y a otras instituciones, supervisión del trabajo de cuidadoras remuneradas, entre otros).

Encuesta de Uso del Tiempo (EUT): herramienta estadística creada con el objetivo de brindar información respecto a la participación y el tiempo destinado a las tareas domésticas, al cuidado del hogar y al trabajo voluntario

 

Nota publicada en la Revista Plan H, leela aquí: Número XV – Revista Plan H

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