¿EL PUEBLO SE EQUIVOCA? POR QUÉ LOS ARGENTINOS ACEPTAMOS EN SILENCIO VOLVER A PAGAR POR EL FÚTBOL

Por Yanina Chiafitella

 

En la campaña electoral de 2015, Macri dijo en una entrevista que no iba a sacar el Fútbol para Todos. Son célebres en las redes los chistes sobre Vidal acerca de su frase “no vas a perder nada de lo que ya tenés”. Sin embargo, Macri volvió a entregarle ese preciado negocio a los medios concentrados y lxs argentinxs tuvimos que volver a pagar por el fútbol. ¿Por qué parece no haber habido mucha reacción popular ante la pérdida de este derecho en manos de un gobierno que prometió abiertamente lo contrario con algo que forma parte del corazón de nuestra cultura como es el fútbol?

 

¿Hay algún abordaje que pueda explicar esta falta de reacción popular y que también pueda aplicarse para pensar otras aparentes sumisiones del pueblo como con el brutal aumento de las tarifas de servicios y transporte?

Es posible que la clave esté en no olvidar que vivimos en un sistema económico-cultural de base neoliberal en el que está establecido el supuesto de que toda cosa por la que se paga es mejor. Y de eso se desprende además que cuanto más cara, mejor es. ¿Por qué? Simple: porque restringe el acceso. Cuanto más caro es un bien o un servicio, menos personas pueden tenerlo y eso genera dos cosas: establece una diferencia social entre quienes pueden y quienes no pueden acceder y, por ende, el valor de ese bien o servicio aumenta. Es un principio económico básico y una de las bases sobre las que el marketing funda sus estrategias de venta: cualquier cosa por la que se paga es mejor que aquélla que es gratuita. Cuando se ofrece algo como “exclusivo”, ese algo adquiere una característica positiva que lo hace atractivo y no una negativa (a pesar de lo explícito del adjetivo) ante los ojos de quien lo ve. Ese “relato” funciona independientemente del gobierno de turno y de las políticas que busque aplicar porque se expresa en la realidad individual de cada unx en la dimensión de la propia identidad. Este fenómeno ya ha sido brillantemente explicado por Diego Sztulwark y es denominado “micropolíticas neoliberales”. Micropolíticas que circulan en el imaginario social y que no sólo no fueron combatidas durante el kirchnerismo, sino fortalecidas, en tanto sus políticas económicas se dirigían a promover el desarrollo del mercado interno a partir de un boom de consumo.

En palabras de Paula Canelo, “El fin de este despojo, curiosamente asistido por el despojado, no va a empezar cuando éste no pueda pagar la factura de luz, ni cuando no pueda pagar la prepaga, ni cuando no pueda pagar la escuela privada, y esos etcéteras. Porque, precisamente, esas facturas impagables son el precio que paga, voluntariamente, para mantenerse a salvo del otro.” En otras palabras, miles de argentinxs vieron que “lxs pobres” empezaban a acceder a lo mismo que ellxs, lo cual puede significar o que ellxs también son pobres o que al menos les va a costar más encontrar las diferencias con éstxs. Y no le pareció justo a quien “se levanta a las 6 am y se desloma todos los días laburando mientras los negros planeros cobran por no trabajar o tienen hijxs para cobrar un plan porque a mí nadie me regaló nada” y todas las variantes que hayamos escuchado o leído. Esta idea está muy arraigada en el imaginario popular y es algo que el macrismo sabe y explota permanentemente.

Es interesante considerar además que este abordaje permite superar la infinita discusión sobre la corrupción. Quien defiende a Macri a esta altura no ignora lo corrupto de su gobierno. Hablar de corrupción es una manera de desviar la verdadera discusión porque es mucho más difícil admitir que en realidad el “pacto” con Macri es mantener a lxs pobres “a raya” para que no tengamos que confundirnos con ellxs. ¿Qué es sino el “fantasma del populismo”, permanentemente esgrimido desde los grandes medios de comunicación como una amenaza que se cierne sobre nosotrxs y puede llegar a convertirnos en Venezuela? ¿Qué es Venezuela? Un país lleno de pobres que se pelean por conseguir papel higiénico en un supermercado. Un país lleno de pobres, contra pobres.

En definitiva, y volviendo a la pregunta inicial: ¿por qué parece no haber habido mucha reacción popular ante la pérdida de Fútbol para Todos? La respuesta que se ensaya desde estas líneas es que desde el kirchnerismo no se ganó la batalla cultural que habría permitido que ese servicio pase a ser considerado un derecho. Con un fuerte bombardeo mediático, se arraigó en el imaginario popular como un regalo para todxs (y especialmente para los pobres que son los que antes no podían pagarlo) que licuaba las diferencias entre quien que tenía que ver los partidos con la ñata contra el vidrio de un bar y quien podía verlos cómodamente en su casa pagando el precio que siempre creyó que valían. La aplicación material de un derecho no fue suficiente para que sea percibido como tal por las grandes mayorías. Tal es la fuerza de las micropolíticas neoliberales que siguen circulando entre nosotrxs. En el imaginario social, Fútbol para Todos siguió siendo un servicio con valor de mercado que ahora le regalaban a “lxs pobres” y que además ellxs mismxs financiaban “con la plata de sus impuestos”. O dicho de un modo liso y llano: “No fue la corrupción, fue la redistribución, estúpidx.”

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