HABLEMOS, AUNQUE YA SE HAYAN ROTO ALGUNOS PLATOS

Por Lázaro Pérez

 

“Querido Sr. Pérez,

Me llaman la atención sus consultas. Usted me pregunta respecto de los aconteceres modernos, como si yo no me hubiese expresado al respecto. En un texto que publiqué hace algunos siglos, determiné con exactitud que la estupidez es un fenómeno endémico. Al menos lo era en mi tiempo, y asumí que sería superado en la posteridad. Evidentemente he ahí mi error. Afirmé sin mayores titubeos que el estúpido podía comprenderse como aquél que era incapaz de percibir las lógicas y las relaciones políticas que debían sucederse para la instauración de ‘La República’. Debido a las complejidades lingüísticas de mi época debí referir al hecho construyendo una estructura metafórica a la cual titule ‘El mito de la caverna’. Realmente me asombra que hoy, pasados varios siglos, no hayan aún comprendido mis reflexiones. Parece que el mundo en el cual usted vive, en vez de dar luz, se ha esforzado por introducir a la mayor cantidad de gente en la caverna. Casi como si lo hubieran entendido al reverso. Hace poco conocí por estos lares a una filósofa alemana con la cual estuvimos dialogando. Acertó con razón que un hombre pierde la libertad al perder su capacidad de pensar. Han construido un mundo por allí al que sin dudas no me gustaría retornar. La mayoría de los individuos parecen estar encerrados en la realidad que se les manifiesta desde los centros institucionales de poder. Como si no hubiera caminos alternos que llevasen al cambio. Han defenestrado la razón misma de ser de la política, olvidando que la expresión, solo posee sentido en relación a los ciudadanos. Los ciudadanos actuales obran, pero no obran pensando. Desacreditan las estructuras políticas porque las han alejado de la cotidianidad.
Creo yo, que es todo lo contrario, no hay nada tan cotidiano como lo político. Porque la política existe solo si existen ciudadanos. Dado que si el concepto de ciudadanía decae, decae la idea misma de democracia. Por tanto, si existe democracia, existen ciudadanos que deben ejercer y hacerse responsable de las relaciones políticas que se suceden entre ellos. El ser humano es un ser social en donde solo sobrevive su ‘yo’ individual en la posibilidad de relacionamiento con ‘otro’.
Dígame, y le pregunto a usted increpando su manuscrito, ¿Cómo puede pretender un cambio, un gobierno justo, y una estructura social armónica, si han hecho todo lo posible para defenestrar sus sistemas educativos?
Piense estimado, solo es sabio quien siendo educado sabe discernir la diferencia entre acumulación de conocimiento y la capacidad de pensar. Espero su respuesta.
Atentamente lo saluda,
Platón.

Transcriptas estas palabras, lector, déjeme comentarle que aún no le he respondido a Platón. Antes quería reflexionar. Compartir con usted este asunto. Pensemos una cosa. Hoy día, estamos constantemente formulando nuevas teorías respecto de cómo encaminarnos hacia el futuro. ¿No será acaso que hemos dejado de lado el pasado? Ya no nos interesa ni la filosofía, ni la historia, ni la antropología, ni la psicología, ni la ciencia política, ni ninguna otra disciplina, que no responda a las lógicas profesionalitas del trabajo formal.
Como podemos pretender un justo sistema social si formamos a nuestros ciudadanos en el arte de acumular conocimiento y no en la compleja y difícil tarea de pensar. ¿No será que es justamente ese aspecto sobre el cual debemos ocuparnos?

 

Hace 2400 años Platón dio luz a su texto La República y en uno de los diálogos establecidos con Sócrates dijo que para que se dé la posibilidad de la existencia de un gobierno justo, debe necesariamente darse una organización social donde la base fuese una educación apropiada. Educar es enseñar a pensar, expresa. Hoy, tenemos una educación promedio que es calamitosa. Hicimos oídos sordos de esta premisa y las consecuencias son brutales. Como sociedad estamos permitiendo que la estupidez política gobierne -en este caso- uno de los países con mayores posibilidades de prosperidad del mundo, tanto por sus recursos naturales como por su ubicación geopolítica.

 

Tenemos que pensar, no comprar discursos políticos vacíos y asumir como sociedad que el problema actual es debido a nuestra falta de educación política. No se puede seguir tolerando que el dinero y la campaña publicitaria permitan que la ineptitud gane el mediocre juego político del siglo XXI. No se puede permitir estas insolencias y faltas de respeto a la ciudadanía. Es como haberle dado un arma a un mono y pretender que nadie salga ileso. El resultado final será que pagaremos los platos rotos aquellos que no hemos entrado a la cocina. Se responsabiliza a las instituciones educativas de la ‘crisis de la educación’. Claramente es más fácil culpar a las instituciones que hacernos responsables. ¿Acaso las instituciones son órganos que se gobiernan a si mismos? No. Somos nosotros que al emitir nuestro derecho ciudadano lo hacemos sin antes reflexionar, como si esto no tuviera consecuencias, y es más fácil culpar al mono que da el tiro que a nosotros por haberles dado el arma. El funcionamiento de nuestra sociedad es exclusivamente nuestra responsabilidad y la dirección de la misma hacia un destino prospero es el resultado de nuestras acciones. No pierda lector, jamás, la capacidad de pensar, pues al no permitirse eso, se estará usted mismo quitando la libertad. Ah, por cierto, la libertad no es hacer lo que a uno se le antoje, sino más bien poder ser libre de pensar sobre lo que usted quiere hacer.

 

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