Crónica de un nuevo 24 de marzo: fueron, son y serán 30.000

Por Joaquín Chesini

 

A 42 años del inicio de la última dictadura cívico-militar cientos de miles de personas volvieron a marchar las calles de todo el país exigiendo memoria, verdad y justicia por los 30.000 desaparecidxs y por todxs aquellxs víctimas del episodio más horroroso de la historia del país. Una vez más, el pueblo colmó el espacio desde la Avenida 9 de Julio hasta la Plaza de Mayo. Organismos de derechos humanos, sindicatos, organizaciones políticas, adultxs y jóvenes, abuelxs, niñxs, madres y padres hicieron visible su participación en la causa que más interpela al corazón de lxs argentinxs.

Lxs desparecidxs son 30.000, reafirmaban carteles, banderas y grafittis, con alusión a la puesta en cuestión por parte de Mauricio Macri y demás funcionarixs ligados al actual gobierno, que habían relativizado la cantidad de desaparecidxs, y con ello alivianado los efectos sociales del último proceso.

El pedido de la prisión domiciliaria de los genocidas como muestra de la constante horadación a la conciencia de la ciudadanía también fue un asunto instalado en la movilización. “Cárcel común y efectiva a los genocidas” dijeron desde el acto central hasta los volantes que, como una alfombra, iban cubriendo el asfalto de la avenida sobre la que los pasos eran infinitos.

En el escenario también estuvieron presentes el dirigente Luis D’Elía y el ex secretario legal y técnico Carlos Zannini después que algunas horas antes fueran liberados de prisión por orden del TOF 8. Resulta paradójica la liberación de dirigentes ligados a la anterior administración un mismo 24 de marzo, dado que ambos como tantos otros, fueran encarcelados por orden de un mismo juez y sin condena previa. Más que explícita quedó la persecución a funcionarixs opositores que más allá de una campaña mediática en contra y con la colaboración del poder judicial, han sido llegadxs a ser privadxs de su libertad. Orden de prisión domiciliaria a genocidas, prisión preventiva a funcionarixs sin condena, en ese contexto se vivió la marcha del 24.

La memoria, la verdad y la justicia lamentablemente no tuvieron que ser un pedido masivo únicamente por lxs 30.000. También lo fue por el esclarecimiento de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, con sus familiares presentes en el acto y con su rostro pintado en todas las paredes. Un muerto en democracia, desaparecido durante semanas en el marco de una represión ilegal, corona la debilidad procedimental de las fuerzas de seguridad de la democracia argentina en tiempos de Macri.

Pero el pueblo argentino volcado a las calles masivamente, demostró una vez más que no está dispuesto a dejar que ningún gobierno retroceda en las políticas de DDHH nunca más.

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