El balcón ha perdido su barandilla

Por Lázaro Pérez

 

Mi Lázaro. Mi querido Lázaro.
No he podido dormir desde que Platón me comentó su manuscrito. Sinceramente no he podido dormir desde hace mucho. Mis migrañas siguen siendo frecuentes. Tal vez aún no he roto la barrera de la comprensión y aun no existe el lenguaje preciso para que me dirija al mundo. O tal vez sea que Dios me ha dejado esta horrenda habitación contigua de las fiestas alocadas por haber afirmado que había muerto. Déjame decirle algo, pero por favor que quede entre nosotros. A veces Dios se sigue enojando por mi afirmación, y realmente creo que él, aun siendo tan inteligente, no me haya comprendido en la metáfora. A esto me referí cuando afirme que el lenguaje presenta dificultades para determinar algunos conceptos. Tal vez sea problema del alemán. En definitiva, como le comentaba, no he podido conciliar el sueño desde aquella conversación con Platón. Sabrá usted que los conceptos de la cosmogonía griega me han ocupado bastante tiempo y me veo en la imperiosa necesidad de dirigirle algunas palabras. El mundo es un caos, y la verdad es que por aquí me aburro mucho, todo es muy tranquilo, y me gusta el caos. Puede que mis palabras en este momento sean caos. Como sea, quería refinar algunos conceptos de sus conversaciones.

Pensemos lo siguiente Lázaro, la sociedad occidental se encuentra en el ocaso de su existencia. De seguir por este rumbo, perecerá. Antaño, poseíamos un valor supremo, existían las referencias, las guías, las luces a seguir. El mundo tenía un marco referencial por el cual ordenarse. Hoy eso se ha esfumado. Hegel hizo el descubrimiento, yo solamente lo profundicé. Ya no hay luces en los faros del camino. Esta ausencia es el campo de cultivo de las múltiples interpretaciones sobre un hecho. Lamentablemente, Lázaro, aquí no es posible más de una interpretación, esto es un hecho. ¿Cómo se puede plantear de modo tan laxo la posibilidad de reinterpretación de argumentos cuando no es el hombre moderno capaz de establecer opiniones sólidas sobre lo que considera? Más aun, ¿cómo pretender obtener respuesta sobre el modo de adquirir un mundo justo, si el hombre actual no ha podido establecer el concepto de justicia? Todo ahora se ha vuelto un universo de posibilidades y esto no es posible, no hay un universo de posibilidades. El ser humano no debe soportar esto, aun hoy más que ayer esta la necesidad de la construcción, el Übermensch. Los valores sobre los cuales estaba sustentando la sociedad se han ido a pique, han decaído. En mi tiempo puse el ejemplo en el universo de lo cristiano. Hoy se debe hablar del Estado y la política. La defenestración y prostitución de estos conceptos han permitido que en el siglo que usted vive los hombres hayan caído en un estado psicológico de resignación y conformismo respecto de aquello que los rodea. Está latente la necesidad de aquello que he llamado Übermensch justamente para contrariar esta imposición de la laxidad de los valores que no hace más que crear seres cavernarios, tal y como lo definió Platón.
Lo saluda, con especial atención.
Friedrich Wilhelm Nietzsche

Recibir esta carta me impactó bastante. Nunca pensé que al escribirle a Platón tuviera un manuscrito del filósofo alemán de mayor relevancia de fines del siglo XIX. Inmediatamente tuve la obligación de releer al autor que murió hace 117 años y salvando las distancias, vi que se suceden cosas similares entre el mundo en el cual Nietzsche escribió y el nuestro. Ambos son espacios en donde las tensiones sociales sucedidas a consecuencia de una crisis política profunda son evidentes. Las décadas a fines del siglo XIX explotaron en gran medida en la Primera Guerra Mundial. Las tensiones existentes hoy, ¿en que culminarán?

¿Qué sociedad se puede pretender cuando la violencia es la respuesta generalizada frente a un hecho de desconformidad ciudadana? Ya en marzo, recapitulemos las significancias del fatídico diciembre de 2017 y los hechos acaecidos en el Congreso de la Nación Argentina. Lo que sucedió allí, guste o no, es que tanto el Estado como la sociedad toleraron sin ningún tipo de consecuencia la violencia entre sus ciudadanos. ¿Es acaso justo, que no se tomen medidas frente a los hechos seducidos?

No se debería permitir el olvido. Pero lo triste es que la endemia existe en ambos lados, dado que la sociedad ha dejado pasar esto por alto. Pensemos lo siguiente, el asunto del Congreso “paso de moda”, fue noticia, y ahora hay otras cosas por las cueles ocuparse: El verano, las vacaciones, la vuelta al año lectivo, etc. No. La sociedad argentina permitió sin mayores miramientos que la violencia fuera el modo de relacionamiento del Estado. El gobierno consideró que debía de aprobar un conjunto de reformas normativas, y frente a la desconformidad pública, utilizó sin dudarlo la fuerza para acallar la fuente que le da razón de ser: la ciudadanía. Sin la existencia de la ciudadanía no existen políticos. Debemos entender que los políticos no son otra cosa que funcionarios de los ciudadanos, y debemos entenderlo ya. Somos nosotros como seres cívicos que le otorgamos ese poder. Ya decían los españoles al cantar en Cádiz e ‘Viva la Pepa’, “acéfala la corona, la soberanía recae en el pueblo”. Por qué entonces aquí se permite esta falta. Por qué no se juzga como se debe a quien es responsable de esos actos.

La respuesta la dio Nietzsche: Hemos tirado nuestros valores básicos por la borda. Ya no importa ni la moral, ni la ética, ni los derechos básicos de convivencia, y muchos menos las complejas formas de relacionamiento político que se deben investigar hoy día. Tal y como dijo en su carta y cito “Antaño, poseíamos un valor supremo, existían las referencias, las guías, las luces a seguir. El mundo tenía un marco referencial por el cual ordenarse. Hoy eso se ha esfumado.” La violencia es violencia y fin. Nuestro deber de reflexión no cesa, aunque los hechos hayan pasado de moda y los riesgos sean altos al gritar desde balcones sin barandal.

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