BRASIL: ENTRE LA LEGITIMIDAD DE LOS DIRIGENTES Y LAS OPERACIONES DEL PODER

Por Joaquín Chesini

Ayer el juez regional de San Pablo, Sergio Moro, solicitó la detención del ex presidente brasileño Lula Da Silva con un margen de 24 horas para presentarse voluntariamente ante las autoridades de la localidad de Curitiba. La detención fue pedida apenas horas después de haberse rechazado, por parte del Supremo Tribunal Federal, el habeas corpus que Lula presentó para continuar en libertad hasta tramitar las apelaciones a su condena. El encarcelamiento por 12 años de prisión se solicita dentro de la operación Lava Jato con motivo de haber recibido una propiedad en concepto de soborno gracias a favorecimientos en contratos con la empresa Petrobras. Sin pruebas firmes que liguen a Lula con el hecho, de todos modos fue condenado en un polémico fallo.

 

Lula Da Silva llegó a la presidencia de Brasil con más del 60% de los votos y gobernó con gran apoyo popular durante 7 años hasta el 2010. Su mandato fue paradigmático para la historia de Brasil, no sólo por su origen como sindicalista y fundador del Partido de los Trabajadores, sino porque logró dirigir una política económica fuertemente vinculada con el desarrollo nacional garantizado por derechos laborales y sociales, lo que permitió una marcada disminución una notable reducción de la pobreza y de la brecha económica entre las clases tan característica de la historia de Brasil.

 

Su gobierno le permitió catapultarse como uno de los dirigentes con mayor legitimidad no sólo de Brasil sino de toda América Latina. Cuenta con una abrumadora intención de voto para las elecciones de octubre, por lo que no es casual que este pedido de detención se dé en este momento. La derecha brasileña, en el poder desde el golpe judicial a Dilma Rousseff, necesita impedir a toda costa que Lula pueda postularse una vez más como presidente. En este sentido, la situación es muy grave a nivel institucional. La subordinación del poder judicial a los intereses del poder ejecutivo, pone en riesgo años de lucha política y social por consolidar las bases de una república que impida los abusos de poder. Por otro lado, se verifica el más profundo deterioro democrático desde el retorno a la democracia luego de los golpes militares en la región, a través del el atropello en materia jurídica y de derechos humanos a dirigentes que son encarcelados sin pruebas previas, apuntalados por un blindaje mediático que también se verifica en Argentina.

 

La prisión de Lula además genera condiciones favorables para la detención de Cristina Kirchner en nuestro país, asediada por varias causas construidas con el mismo modus operandi que utiliza la derecha en Brasil con Lula. De la fuerza de la movilización popular dependerá ahora que las derechas latinoamericanas encuentren un freno a su brutal avance contra los pocos dirigentes que trabajaron incansable e indudablemente en favor de los intereses de los pueblos latinoamericanos.

 

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