¡SÁNCHEZ NO TE ENGANCHES!: LA LEY CORTA DE MACRI

Por Liborio Abelardo Zaitsev

 

La presentación de llamada “Ley Corta” para el sector de TICs generó un revuelo en el campo nacional, popular, progresista y bien pensante que te la voglio dire. Digamos, sí, que nos sorprende gratamente que la muchachada se indigne por otro acto de entreguismo por parte del gatomacrismo gobernante. Ponele. Va de suyo que no es menester de este columnista defender una política de mega concentración ni mucho menos, hartos pergaminos sobran a modo de artículos denunciando el tema. Lo que crispa, una vez más, es esa manía de apuntarle al cura y pegarle al campanario. Y encima, darse corte.

El grito en el cielo por la llamada Ley Corta” es porque permite a los operadores de telecomunicaciones dar televisión satelital. En realidad, se grita porque la medida beneficia en teoría a Claro y Telefónica y nuestro Virrey Maurizio se la obsequió al premier Rajoy en su visita por el Río de la Plata. Españoles (y mexicanos también, los dueños de Claro) vienen pataleando desde que asumió Cambiemos y su política para el sector consistió en darle TODO al Grupo Clarín. Ahora están un poco más trancarola porque pueden competir y poder ofrecer el “Paquete Convergente” (telefonía fija y móvil, banda ancha y televisión) en parecidas condiciones que las hordas de Magnetto.

El olor a oligopolio se siente desde lejos. Pero ante el berricheo progre, da para preguntarle a más de uno y una, ¿dónde corno estuvieron y están y que estarían haciendo para pelear contra la fusión Telecom-Cablevisión? La única lucha que se pierde es la que ya se abandonó y eso que todavía hay margen para pelearle al monopolio. Lo venimos diciendo, una y otra vez. Así que bueno sería que buena parte de la dirigencia que supo y sabe poner las ideas y el cuerpo para pelear “la batalla cultural”, explique por qué ahora está quietita como perro en bote.

No es una interpelación moralina. Por más refrán de poster que nos corra por izquierda ya sabemos que los que luchan todos los días son los de titanes en el ring. La pregunta es para saber por qué, qué no es lo que la militancia y la periferia de a pie no ve, qué otra cosa se juega, para permitir que el más grande pulpo mediático y comunicacional de América latina se conforme así sin más y acorte las posibilidades del “vamos a volver”.

La otra es no saber. Antes de protestar desde una pureza cuasitrosca, habría que recordar que Claro y Telefónica no fueron muy enemigos del kirchnerismo que digamos, más bien todo lo contrario. Sin tener que caer en la bajeza de resaltar los malabarismos para interpretar que Telefónica cumplía la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), vale rescatar que en el inicio, las ‘telcos’ estaban dentro del proyecto de ley. Y que fue el progresismo de guante blanco –léase los Pino Solanas, Claudio Lozano, Hermes Binner y otros columnistas de TN- quienes las sacaron de la discusión, haciéndoles un gran favor, cuándo no, a Clarín y sus secuaces.

¿Alguien quiere pensar en los niños? Porque sacar a los operadores telefónicos de la LSCA fue sacar de la discusión contra Clarín a los chicos. ¿Qué chicos, dirá? Y yo le retrucaré: ¿cuántos operadores de servicios TIC hay en el país? Cantidad. Y de importancia. Esos pymes y cooperativas, esa pequeña burguesía local, que son aproximadamente el 10% del mercado, sigue con atención las jugadas parlamentarias y están yendo al poroteo, porque a contramano de lo que pensemos los nosotros, no están tan disconformes con el macrismo. Para más INRI, leo en un texto compañero el análisis de que la política macrista “mantiene a las cooperativas en el papel secundario de operadores virtuales, no de operadores con derechos plenos”. Este es un buen caso de confusión: la figura de “operador virtual” es un tecnicismo, no necesariamente un lugar secundario y que tampoco tiene que ver con la soberanía. Un operador virtual es aquel que da un servicio al cliente final, sobre la red de otro. Por ejemplo, una cooperativa puede ser operador virtual móvil (OMV) y brindar telefonía móvil sobre la red de Claro o Telefónica: es un poco más complejo pero podría decirse que es un revendedor, del terminal, de la línea, aunque gestiona todo el proceso. El operador (Telefónica, Claro, Telecom) le vende a precio mayorista “minutos” o “megas” de datos. De esta manera, el chiquito puede ofrecer telefonía móvil con su marca (algo que no podría hacer si tuviera que tender su propia red) y de paso fidelizar sus clientes al venderles servicios empaquetados de 4Play (móvil, telefonía fija, banda ancha y TV paga), sabiendo que es el tráfico que se consume en el móvil es en realidad “fijo” cuando se conecta a WiFi, por ejemplo.

El Gobierno actualizó el reglamento de OMV, amén de otras facilidades, como por ejemplo bajar de US$ 18 a menos de US$ 8 el costo del mega mayorista, utilizando la red de Arsat (y prácticamente confiscando los fondos del Servicio Universal, para indignación de los liberales y mucha envidia de los que pensamos que “por qué no hicimos esto nosotros”). Y los chiquitos (llámese las cámaras como CATEL, CATIP, CACPY, CAPPITEL, COLSECOR, etc.) entienden que, con vaselina y todo, tienen un grado de interlocución importante con el oficialismo.

A estos chicos y medianos no los corren con “la competencia” y la “concentración” así nomás: son los que desde 2011-2012 vienen tirando fibra al hogar (FTTH) mientras Telefónica y Telecom siguen robando con los cables telefónicos de cobre, dan IPTV y tienen sus propios OTT. Si vivís en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, tenés menos conectividad que la que tienen vecindades como Trenque Lauquen, Río Tercero y La Rioja, que, caso aparte, tiene una Sapem (empresa estatal provincial) que además de dar triple play con FTTH fabrica, o ensambla sus propios televisores).

Todo esto viene a cuento para subrayar el peligro de hacer la gran Del Caño: en un contexto de derrotas estratégicas todavía vigentes, las tácticas defensivas obligan a tener una actitud proactiva a la hora de discutir proyectos, incorporar las voces y pedidos reales (y no interpretados) de los actores chicos y negociar alternativas accesibles.
Por eso venía a cuento lo del OMV. A eso juegan Catel, con la red de Telefónica. Pero el modelo también sirve para DTH. Pero antes, paréntesis sobre el tema: la TV Satelital no es el cuco, ninguna empresa lo ve como alternativa competitiva por la falta de interactividad y el alto costo de brindar banda ancha satelital, tanto en banda C como en banda Ka. Por eso DirecTV está de los pelos. A corto plazo, le da a Claro y Telefónica la posibilidad de darle a sus clientes triple play “híbrido”. Pero si no llegan con fibra, el servicio será pedorro y caro ante el de la competencia. Y Ainda mais. Telecom-Cablevisión también da DTH a través de sus filiales en Paraguay (Tuves) y pronto en Uruguay. Así que también ahí hay competencia.

Pero también puede pensarse una negociación: un modelo de Operador Virtual, tal como se implementa justamente en Paraguay, Colombia, Chile y otros países, donde sean las cooperativas y pymes los que ofrezcan el servicio final. Técnicamente es posible.

Otro tema a discutir en el proyecto de ley es el de contenidos: la propuesta lo pone a grandes rasgos, pero evitar la venta atada a paquetes y los pisos mínimos de abonados, dos prácticas gourmet de Clarín y asociados, hará la diferencia para los chicos.

El tercero es el de las redes, y con poco de la propia medicina que planteó Cambiemos: el proyecto de ley obvia dos planteos que tenían los largamente denostados decretos 267/15 y 1340/16: la desagregación de redes y compartición de infraestructura no se permitía por un periodo de 10 años en los casos en los que los operadores tenían redes “de última generación”. En criollo: Telecom y Telefónica tendrían que compartir sus redes e infraestructuras vetustas, pero no así las pymes y cooperativas que tendieron FTTH en los últimos años. Y otra omisión del proyecto de ley: el Decreto 1060/17 que ya promueve la compartición de infraestructura excluye la de Arsat. En el proyecto que se discute en el congreso, tal exclusión no existe. Habría que recuperarla, o incluso matizarla y sí permitirles el acceso a las pymes, cooperativas y Sapem.

En cuanto al espectro de Arsat, viene bien para empalmar otro tema: los 90 MHz disponibles están inutilizados y son un bien escaso, que pueden plantearse que se usen pero para garantizar el servicio de OMV de cooperativas y pymes o bien para habilitar un cuarto operador (sobran ejemplos en América latina, como los casos de Virgin Mobile en Colombia, Wom en Chile. O la más querida para mí Bitel en Perú, propiedad de Viettel, el operador de telecomunicaciones estatal gestionado por el glorioso Ejército de Viet-Nam).

Se arguye que “se las van a dar a las telefónicas y a Cablevisión”. Pero para que eso ocurra, deberían cambiar los topes de espectro que cada operador tiene. Y acá viene otra cuestión: en el caso de Telecom-Cablevisión, esos topes están sobrepasados por bastante (60 MHz a 80 MHz según cómo se calcule) si se suma lo de Personal y lo de Nextel. Espectro que debería ser devuelto.

Pero hete aquí que la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) sigue dejando hacer, sigue retrasando definiciones sobre la megafusión. Y, sobre todo, sigue incumpliendo la ley. Mientras tanto, el tiempo corre y la megafusionada avanza en la integración de hecho. A pesar de que la Ley de Defensa de la Competencia prevé la realización de audiencias públicas para temas relevantes, desde la CNDC arguyen que “es uso y costumbre no dar intervención a la sociedad en temas tales como fusiones entre empresas”. Así, a cara de piedra.
Otro cuestionamiento sin respuesta por parte de CNDC es sobre cómo se evalúa el alvance de la fusión si no hay relevamiento oficial: no hay datos sobre participación de mercado en Enacom, ni en el Indec ni en la Comisión Nacional de Valores. Todo se reduce a las declaraciones juradas de las empresas.

De vuelta, es llamativo que no haya acompañamiento o al menos réplica (¿quién dijo eso de “marchar separados, golpear juntos”? a medidas que algunos sectores de base ligados a la Iglesia y la izquierda trosca más recalcitrante (Pedroooo! Mirá que yunta se armó!!) estén llevando adelante contra la mega fusión.

¿Desconocimiento? Puede ser. El mismo día que el Ministerio de Modernización ingresó al Senado el proyecto de “Ley Corta” también publicó en el Boletín Oficial el nuevo reglamento de portabilidad numérica que incluye la portabilidad fíja, una mano de Dios para Telecom-Cablevisión y al mismo tiempo una tortuga que se les escapó a todas y todos los denunciantes indignados. Pero hay compañeras y compañeros con suficiente conocimiento y predisposición para desasnarnos en estos temas.

La Ley Corta es un problema, la megafusión todavía más. Ya lo dijimos, hay margen para seguir peleando. Sino, en 2019 vamos a disputar con el Gran Hermano que Gobierna la Matrix del Mundo Feliz. Gato más, gato menos, poco importará.

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