¿HABLAR MAL? LENGUAJE INCLUSIVO

Por Lia Ghara

 

“Esta moda de hablar con E” le dicen, “De hablar mal”. Se llama lenguaje inclusivo o no sexista y se
trata de evitar toda denotación genérica al hablar respetando la autopercepción de cada persona, y
sobre todo, de desmalezar el lenguaje de ciertos usos que solo afirman y apuntalan prácticas
patriarcales en la sociedad.

¿Que es el lenguaje? De los muchos letrados, colectivos y disciplinas que lo estudian. Quizás la
explicación más concreta es pensarlo como un sistema de símbolos mediante los cuales
comprendemos el mundo, pseudópodos que nos permiten conectarnos con el entorno y con el otro,
la otra, le otre. Al fin y al cabo, una herramienta que nos permite pensarnos, repensarnos,
dotandonos de la abstracción necesaria para poder imaginarnos infinites.

El lenguaje es infinito y asi nos vuelve. Es mutable, porque solo las cosas que están muertas no
mutan. Y así nos vuelve. Es expansivo, incontrolable, desbordante pero ante todo y como
consecuencia de todo esto es profundamente político.

Aqui es donde aparece la dimensión de institución. Como institución el lenguaje funciona reglando,
ordenando y disciplinando no solo el correcto uso de sí, sino como ordenador de una sociedad. Se
insulta con aquello que es considerado denigrante, se categoriza con una u otra letra, existen
modelos que aparentemente son los “correctos” y se corrige lo que no corresponde.
Si bien el poder lingüístico y semiótico real lo tienen sus hablantes (Y en este aspecto es totalmente
anárquico) en lo formal funciona bajo la “dirigencia” de una autoridad central: para nosotres
hispanohablantes es la Real Academia Española. Quizás hoy no sea en absoluto la RAE una
referencia por estas latitudes, pero si historizar su figura nos descubre la clave en la que fue
construida la lengua que heredamos: desde donde estuvo pensada, quienes construyeron términos y
diccionarios, su cosmovisión, cuales son las políticas que se dieron para hacerlo.
La Real Academia Española fue creada en 1713, por duques y marqueses, luego pasaría a estar
bajo tutela de la corona. Fue constituida con ánimos de “fijar las voces en su mayor propiedad,
elegancia y pureza”. Y lo que no suele decirse al respecto es que acarrea una consolidada historia de
misoginia y discriminación. No se trata solo de que sus treinta presidentes hayan sido siempre varones, ni
de que recién a trescientos años de su creación hayan admitido a la primera mujer en la institución
(Carmen Conde en 1978) o que sistemáticamente hayan desconocido el prestigio y talento de enormes
escritoras.

Existió hasta el siglo XX una resolución explícita de la RAE que no dejaba ingresar a mujeres por el sólo
hecho de serlo. Rechazaron históricamente todas las postulaciones de mujeres en una operación
(también idiomática) de odio dirigido hacia una categoría social en particular y así nos borraron de la
historia de nuestro lenguaje, invisibilizando no solo nuestra existencia sino nuestro trabajo, aporte y
perspectivas.

¿Como entonces en nuestra lengua el universal no iba a ser el masculino? ¿Como la historia del “hombre”
no iba a ser la historia de la humanidad entera? Es casi burda la traspolacion de la política de la
institución que crea el lenguaje al mismo objeto. Un lenguaje hecho por y a medida de varones blancos
europeos heterosexuales y cisexuales como una herramienta más de opresión a la alteridad. Patriarcado.

El universal masculino, si nos propusieran imaginarlo jamas sería un varón trans boliviano, sería un varón,
blanco heterosexual, europeo, y cisexual. El lenguaje también socava profundo en el subconsciente así
como la negación e invisibilización que ejerce sobre toda identidad que no sea la del varón blanco (…)
Por eso más que nunca es hora de apropiarnos de esta herramienta multifacética y fascinante para
alejarla más que nunca de “la pureza”, de la monarquía, de la misoginia y ginopia que nos introyectó y
volverla barro, vasija de barro moldeada colectivamente, que permita contener la infinidad y pluralidad que
somos.

Esta es la función política y el carácter urgente que nos demanda el uso del lenguaje inclusivo. No es un
esfuerzo tan grande en relación a los daños que históricamente nos causó. “Reparación histórica” dirían
algunes, prefiero pensar que solo exige algo de conciencia y sensibilidad por respeto otra persona, la
misma que demanda vivir en sociedad.

¡Pero qué difícil tarea! Cambiar costumbres que nos llevaron una vida aprender, si es cierto. No hay
apuro, ni hay que hacerlo excelentísimo al primer intento, aquí nadie toma lecciones. Pero si podemos
contemplar estas consideraciones para no ser sexistas al hablar, como punta del ovillo a desenmarañar:

– Evitar utilizar peyorativos referidos a los cuerpos de otras personas, o a sus libertades sexuales.
Puto, puta, gorda, fea, maricon, discapacitada, down, no son insultos
– Usar formas neutras sin suponer heterosexualidad. “Personas” en vez de “hombre”, “pareja”
en vez de novio, etc
– Usar abstractos (En vez de “el director” la dirección) y colectivos (en vez de los alumnos, el
alumnado)
– Para escritura es recomendable sustituir cualquier tipo de denotación de género tanto en
sustantivos como adjetivos cambiandola por: X, *, E o @
– En la expresión oral se recomienda sustituir la vocal por la E, o bien elaborar oraciones
cambiando el sujeto.
– Evitar adjudicarle a la mujer un propietario “señora de” “mi mujer”
– Y por supuesto, no generalizar en masculino

Y si ante esto, aparece un interlocutor enojado o indignado que nos acusa de ser el monstruo
responsable de la degradación del lenguaje quizás deberíamos preguntarle si acaso no considera
que un lenguaje degradado sea aquel que reactualiza morales rancias, que lenguaje degradado sea
aquel privativo y elitista que instrumenta la exclusión.

Las categorías de personas y ciudadanes las pensamos desde el lenguaje, a la cárcel del binarismo
la construimos desde el lenguaje y el dolor de nunca pertenecer también. Por eso necesitamos
reinventarnos y volver a nacer las veces que haga falta hasta que al fin podamos fundar un lenguaje,
un hogar, donde quepamos todes.

Deja un comentario